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viernes, 22 de febrero de 2013

Círculo de partida



HABÍA UNA VEZ una i tan presumida que le demandó a un escritor que en lugar del clásico punto la coronara con un círculo. El hombre alegó que no estaba para esas trivialidades pero, como la i porfiaba y porfiaba, optó por ceder. Media página de escritura después las otras íes le exigieron a coro un trato igualitario o se declararían en huelga. Mas dado que las negociaciones para llegar a una solución viable para ambas partes resultaron infructuosas, el escritor retomó su obra prescindiendo de aquellas palabras que contuvieran a las descocadas. Todo parecía marchar bien hasta que una u, claramente insensible a las normas, le reclamó una diéresis al estilo del círculo de cierta i.
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domingo, 27 de enero de 2013

Fábula para los días sin sol



EL MAGO extrajo una trompa larga y gris de la chistera, la trompa de un elefante. Atónito, intentó sacar al resto del paquidermo pero comprobó que este se resistía. Entonces, sin soltar el apéndice nasal, se asomó a la boca del sombrero e increpó al animal para que saliese.
—Lo siento —dijo el elefante—, al ver su mano le tendí la trompa porque creí que me estaba saludando. Pero entienda usted que me resulta imposible complacerlo.
—¿Por qué?
—Mire, por lo que olfateo, ahí afuera hay mucha gente y me da vergüenza aparecerme así, de improviso, tan despeinado y sin corbata.
—¡Esas cosas no le importan a los niños!
—¿Niños? Nunca vi uno. ¿Cómo son?
—Son como el resto de la gente aunque pequeñitos de cuerpo.
El elefante se quedó pensativo.
—Sin embargo los niños tienen una particularidad... aunque de seguro a usted eso no le interesa.
—¿Cuál? —dijo el paquidermo con los ojillos redondos como monedas.
—Los niños, a diferencia de sus mayores, creen que se puede sacar cualquier cosa de una chistera, incluso un elefante. ¿Pero sabe qué pasa cuando, por ejemplo, dicho elefante se niega a salir?
—No.
—Dejan de creer en la magia.
—¡No me diga!
—Sí le digo. Aunque mejor no lo entretengo más... Sólo una última cosa, ¿no vio al conejo por ahí?
—Señor mago, habiendo un elefante aquí pregunta usted por un conejo. ¡Vamos, vuelva a jalarme de la trompa que me muero por conocer a esos niños!
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miércoles, 2 de enero de 2013

Prórroga



TRAS noventa y nueve años solo falta uno para que el maleficio de la abrumadora muralla que aísla la ciudad del resto del mundo llegue a su fin. En la mente de sus habitantes resuenan distantes ―y ya ajenas― historias de guerras y hambrunas, de invasiones y reyes despóticos, de servidumbres y barbarie.
Afortunadamente, y gracias a la participación voluntaria de todos, incluidos ancianos y niños, habrán colocado seis meses antes de que eso suceda la última piedra de la flamante ―y no menos abrumadora― muralla.
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jueves, 7 de junio de 2012

Apetitos



TRAS entregarle sus pertenencias, le pidió al bandido que por nada del mundo se mirase en el espejo de oro que contenía aquel estuche.
Unas palabras extraviaron a las otras y el salteador, un instante después, exclamó:
—¡Qué demonios! ¡Este espejo ni reflej...!
—Eso se debe a que en lugar de mostrar lo que ve, se lo devora —dijo el hechicero antes de recogerlo cautelosamente del piso por uno de sus lados.

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lunes, 2 de enero de 2012

Splash



LLEVABA días perdido en el desierto cuando descubrió a la sirena sobre el promontorio. Sabía que se trataba de una ilusión, pero no pudo resistir el caminar hacia ella.
—Tengo sed —dijo la ninfa.
—No puedo darte mi agua. Tú eres sólo un espejismo —respondió él.
—Si no lo haces, jamás volveré a ver a mis padres.
El hombre, tras advertir la nostalgia y el rumor de olas diminutas en los ojos del prodigio, le ofreció la cantimplora con su última ración de vida.
La sirena bebió calmosamente, luego dijo:
—Más de cien hombres pasaron por aquí antes que tú, pero eres el primero que ha compartido su agua con un espejismo. Al hacerlo, se ha roto la maldición que me aprisionaba. —Y mientras saltaba del promontorio, agregó—: A diferencia de ellos, mereces vivir.
El chapuzón de la sirena, cuyo canto ese día se escuchó desde el lejano mar en todo el desierto, lo salpicó con el agua fresca y pura del oasis recién nacido.
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miércoles, 19 de octubre de 2011

Montería



TRAS SOLTAR A LOS PERROS, el baqueano me informa sobre la liebre flautista. Dice que su música encanta a los cazadores. «Nadie que la haya escuchado ha vuelto a la civilización», sentencia, y, mientras advierto lo singular de sus orejas, saca una flauta.
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jueves, 29 de septiembre de 2011

Erizo



EN LAS NOCHES de luna llena el cuerpo de Ileana se cubre de plumas de colores. Ariel le manifiesta que luce tan hermosa como un ave del paraíso o un quetzal. Ella le agradece, y luego se encierra en el dormitorio a llorar. Sabe que miente, que rechaza su imagen, que tapa las superficies reflectantes, que le niega el cobijo de sus brazos cuando más lo necesita.
Pero una noche Ileana ya no resiste el desamparo.
―¡Me abrazás o me mato! ―dice con un cuchillo sobre su vientre.
Ariel le conoce ese brillo en la mirada y sabe que habla en serio. Resueltamente camina hacia el armario y descubre el azogue:
―¿Cómo abrazarte si mi cuerpo muda de esta manera?
―Así ―responde Ileana mientras acomoda su levedad de plumas entre los brazos de aquel revoltijo de espinas que sólo se desenmascara ante el espejo.

sábado, 22 de mayo de 2010

El encantador de serpientes y la cobra



CUANDO el encantador de serpientes comienza a tocar la melodía, la cobra se yergue, despliega su caperuza y le hinca los colmillos. Moribundo, el hombre la increpa sobre su mala fe tras tantas temporadas juntos, a lo que la serpiente responde:


—Mala fe, la tuya; el contrato lo especificaba claramente: nada de música moderna.


Moraleja: Si firmas un contrato con alguien de temer, lo más seguro es cumplirlo a pie juntillas.


Safe Creative #1002135511764

Arte: Henri Rousseau, «La encantadora de serpientes», 1907


martes, 16 de marzo de 2010

A la luz de las palabras



EN EL CLARO DE LUNA, ante las orejas atentas y las miradas absortas de los pequeñines del bosque, la voz parsimoniosa del viejo lobo da inicio a una nueva ronda de fábulas: —Había una vez una niña malcriada...



Safe Creative #1002135511702

sábado, 6 de febrero de 2010

El tigre ajedrecista y el mago


ÉRASE UNA VEZ un tigre que ofrecía a sus víctimas perdonarles la vida si lograban derrotarlo en una partida de ajedrez. Al cabo de una de tantas victorias, el tigre espetó:


—Eres bueno, pero no lo suficiente: si hubieras sacrificado el caballo podrías haber evitado el jaque mate.


—Aunque la razón te asiste —dijo el mago—, siendo mi vida la que está en juego no podía darme el lujo de perder otro caballo. —Y, tras pronunciar un conjuro, se escapó a lomos del equino.


Moraleja: No te fíes de los magos, próximos a la desgracia suelen ser hombres de recursos inesperados.


Safe Creative #1001285397945

Arte © J. L. Muñoz, «Albvs Eqvitatvs»


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