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sábado, 13 de octubre de 2018

Antes del mar



TODAS LAS TARDES, el anciano se sentaba frente al mar con una foto amarillenta, también de cara al mar, a su lado.
—Hace un poco de frío, Marta, pero el solcito está lindo, ¿no? —decía, y posaba una mano a forma de abrazo sobre la imagen.
A veces el viejo agarraba la foto y caminaba hasta el borde mismo del agua, porque según él, ella se lo pedía, y se quedaba allí, conversando con los recuerdos como un árbol conversa con los pájaros.
Yo, para descansar de mi hábito de correr, solía sentarme junto a la pareja. La primera vez que lo hice, el viejo se molestó y no me devolvió el saludo. Pero unos minutos después me dijo:
—Marta acaba de regañarme por maleducado. Disculpe usted. ¡Buenas tardes!
—¡Buenas tardes! —le volví a decir, sonriendo, y nos demoramos más de una hora charlando.
Cada tanto intervenía en la conversación Marta, que estaba al día con las noticias, ya que por las mañanas entre mate y mate el viejo le leía los diarios. Lo más curioso, no obstante, era que ella y yo coincidimos en nuestro gusto por Nino Bravo; gusto que, vale mencionarlo, heredé de mi abuela. Al cabo, cuando me puse de pie, el viejo me dijo:
—Marta quiere saber si mañana también puede detenerse un ratito a conversar… que a mí, dice, me hace bien.
Ese pedido desde la soledad me dio pena y no pude negarme.
Así, entre charla y charla, se nos fueron tres meses, hasta que el viernes pasado hallé al pobre viejo sin vida. Tenía una mano posada sobre la foto, pero en la foto, Marta, permítaseme la frase, brillaba por su ausencia. Entonces, perplejo, aparté la vista y descubrí a aquella pareja de jóvenes que, antes de meterse al mar, me saludaron afectuosamente.
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sábado, 30 de junio de 2018

Espejos



EL HOMBRE se para frente al espejo, se corre hacia un lado y hacia otro, intensifica la mirada, como si esperase un milagro, y vuelve, como todas las noches, a bufar. De repente, la esposa entra y le pregunta:
—¿Estás bufando?
—Sí, querida; hacer el nudo de la corbata nunca va a ser uno de mis puntos fuertes —improvisa, da una última mirada al espejo, y agrega—: Ya tengo que irme.
—¡Ay!, ¿cuándo te van a cambiar de horario?
—Un día de éstos.
Ella extiende una mano y él se acerca, se abrazan y se besan.
—¡Un día de éstos! —repite, y se dirige hacia la puerta de calle, la abre y la cierra, pero no sale.
Cuando la mujer se retira al dormitorio, él, sigilosamente, hace lo propio al jardín y se transforma. Entre aleteo y aleteo, siente que aún no tiene corazón para confesarle la verdad, y, menos aún, para pedirle que se convierta.
Ella, entretanto, toma un libro escondido bajo la cama, y piensa que será la mujer más feliz del mundo cuando él se atreva a decirle la verdad, la convierta, y ya no deba fingir que es tan ciega como los espejos.
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domingo, 30 de abril de 2017

Un largo e importante partido



«La Luna se está alejando de la Tierra; pero no hay de qué preocuparse, ya que se trata de un proceso de miles de millones de años, al cabo del cual se estabilizará en una nueva órbita», aseguran los expertos. Ignoran que, en el año 2053, Edmund Scott acelerará intencionadamente dicho proceso mediante una reacción en cadena del helio-3 que recubre la superficie lunar. Lo sé porque acabo de volver del futuro. Y no he tenido corazón más que para darle las buenas noches al pequeño Edmund, y decirle que mañana sí, por primera vez, iré a verlo jugar.
Safe Creative #1704251901411

El presente texto resultó finalista de la III Edición Premios Aquae de Microrrelatos Científicos 2016, que organiza la Fundación Aquae. (Página 91, del libro digital).
Imagen © Fundación Aquae
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jueves, 24 de noviembre de 2016

En una isla cualquiera



CAE la tarde, y Verónica encuentra otra botella en la playa. Dentro, como siempre, hay una carta. Mientras la extrae, anhela que esta vez vaya dirigida a alguna de las demás mujeres pero, al instante, reconoce la letra. Es de su esposo. Le cuenta que se siente solo, y que Carlitos la extraña y pide por ella. Verónica estruja el papel de igual manera que aquellas palabras estrujan algo en su pecho. Mira el horizonte como si fuera ciega, y luego escribe, en la misma hoja, que todavía no es tiempo, que tiene que ayudar a sus compañeras de infortunio, que algún día, pronto, marchará con ellos. Seguidamente, arroja la botella, cargada de mentiras, otra vez al mar. Y se acaricia las seis lunas de su vientre, sin saber si debe dar las gracias o maldecir por aquella noche de amor antes del naufragio.
Safe Creative #1611179847984

El presente texto llegó a las deliberaciones finales del pasado mes de octubre del «Microconcurso: La Microbiblioteca Esteve Paluzie».
Foto © Autor desconocido
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lunes, 1 de febrero de 2016

Calendario Microcuentista 2016




Durante todo el pasado año, la Internacional Microcuentista tuvo la feliz idea de organizar un concurso de microrrelatos a partir de una imagen; para realizar, con los ganadores de cada mes y sus fotografías inspiradoras, un Calendario Microcuentista 2016. Dos pequeños relatos de mi autoría, Hojarasca y Al cabo de un mes, animan los meses de abril y diciembre, respectivamente.

viernes, 22 de enero de 2016

Vuelos



EL MAGO contempla el acto de la trapecista una vez más. Hace meses, desde que él se unió al circo y la vio volar como un pájaro de trapecio en trapecio, que la ama. Pero nunca se ha atrevido a confesárselo. Esta noche, sin embargo, lleva un hatillo de fósforos en su manga que, apenas ella termine su acto, transmutará en un ramo de ruborizadas rosas blancas. Y mientras piensa en lo tonto que ha sido por esa manera tan suya de dilatar las cosas, un relámpago de sombras le atraviesa el alma… La trapecista se ha demorado en ganar el aire una fracción de segundo, lo suficiente para caer hacia aquel abismo sin red que ha devuelto el público a las gradas. Entonces el mago apresura unas palabras ininteligibles. Y en el preciso instante en que las manos de la trapecista no alcanzan a las de su partenaire, la mujer vuela tan lejos inaugurando sus alas de paloma, que ni con el auxilio de mil galeras, él jamás podrá hallarla.
Safe Creative #1601226310387

El presente texto ha recibido una mención y posterior accésit por voto popular entre los micros mencionados en la sexta propuesta anual del V Certamen de relato corto para mesilla de noche que organiza el sitio Esta noche te cuento.
.Linda

viernes, 11 de diciembre de 2015

El epitafio más hermoso del mundo



SIR WALTER SCOTT poseía una de las tumbas más antiguas del cementerio. Primorosamente ornamentada, destacaban sobremanera la efigie del caballero y su escudo de armas. No obstante, si había algo de lo que sir Walter Scott se sentía particularmente orgulloso era del epitafio en letra gótica que rezaba su lápida. No podía ser para menos: durante un lustro antes de su deceso, el concebir una frase que testimoniara la hondura de su alma se había convertido en su único fin. Por eso no le extrañaba que la gente se detuviera ante el sepulcro y se prodigara en adjetivos laudatorios hacia su sabiduría. Pero, últimamente, le despertaba una inmensa curiosidad aquel anciano que todos los domingos, tras honrar a su esposa, se detenía ante su lápida con la mirada extasiada. ¿Hasta qué punto, se preguntaba sir Walter Scott, sus palabras habían calado en el corazón de aquel hombre? Una mañana, cuando una joven se detuvo junto al viejo y le preguntó qué decía el epitafio, halló la respuesta: «¡Discúlpeme, señorita, yo tampoco sé leer!; pero no le parece hermosa la forma en que están grabadas las palabras». La mujer asintió, y sir Walter Scott esbozó una larga y ambigua sonrisa.
Safe Creative #1512055950456

El presente texto ha recibido una mención en la quinta propuesta anual del V Certamen de relato corto para mesilla de noche que organiza el sitio Esta noche te cuento.
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domingo, 21 de junio de 2015

El precio



LA NAVE abandonó el cañón en el patio de nuestra casa. Parecía antiguo y medía unos dos metros de longitud. Mamá, papá y el abuelo se pusieron a discutir sobre si era francés o alemán, si lo habrían usado en Waterloo, o si valdría lo suficiente como para liquidar la hipoteca. A mi tía, en cambio, se le había dado por colocarle margaritas en la boca. Yo no podía entender cómo no se enfocaban en lo que era realmente importante: ¡la nave alienígena! Harto de tanta discusión bizantina me retiré a ver la tele. Recién a la noche volví al patio. Mi tía permanecía junto al cañón pero ataviada con un traje ceñido y un casco. Se alegró de verme y me pidió que la ayudara. Me dijo que siempre había soñado con ser una mujer bala y que había llegado el momento de concretar su sueño. Razoné que aquello suponía demasiados riesgos, pero me entusiasmaba la idea. Al punto que, casi a la medianoche, disparé el cañón. Mi tía cortaba dichosamente el perfil de la luna cuando la nave alienígena la abdujo. No obstante, lo más extraordinario es que nadie en mi familia, excepto yo, la recuerda.
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El presente texto ha recibido una mención en la segunda propuesta anual del IV Certamen de relato corto para mesilla de noche que organiza el sitio Esta noche te cuento.
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miércoles, 20 de mayo de 2015

Hojarasca



SOBRE el ombligo de Paula aterriza una hoja. No sé de dónde ha salido, ya que la ventana está cerrada y no tenemos plantas en el dormitorio. El caso es que una segunda y una tercera se apean del aire sobre la boca y el pubis de Paula, respectivamente. A estas hojas, flemáticas como caracoles, le continúa una desapacible legión que cubre por completo a mi mujer. Entonces vuelve la calma. Y Paula se despierta y me nombra. «No temas», le digo, y la busco una y otra y otra vez entre las hojas.
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El presente microrrelato fue seleccionado como ganador del mes de abril próximo pasado de la convocatoria Calendario Microcuentista 2016, que organiza mensualmente la Internacional Microcuentista.
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jueves, 11 de septiembre de 2014

Tras el accidente



LA NIÑA se sienta en el umbral de la puerta y mira a la gente pasar, lee, se suena la nariz. Su madre seguramente no ha de demorarse. Si tan solo le hubiera confiado la llave de la casa como lo hacen las otras madres con sus hijos. Pero no. «Todavía sos muy pequeña», le ha dicho, en su momento, entre grave y jovial. A veces la niña piensa que su madre la percibe como mucho más chica de lo que ella realmente es. ¡Si ya hace los mandados sola! Y se tiende la cama y se prepara el desayuno… «No es justo», murmura, de a ratos, hasta que se queda dormida. Y sueña que su mamá no la quiere más, que la ha abandonado. Tiembla y llora. Entonces la madre la zamarrea suavemente de los hombros. «¡Mamá!», grita la niña y la abraza. «¡Perdoname, tesoro, no pude seguirte antes; los médicos no me dejaban!», se disculpa la madre, mientras le seca las mejillas, y agrega: «Ésta ya no es nuestra casa». Y tomadas de la mano se pierden por la calle, bajo el círculo de la luna, sin la compañía de sus sombras.
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El presente texto ha recibido en el mes de agosto próximo pasado una mención en el IV Certamen de relato corto para mesilla de noche que organiza el sitio Esta noche te cuento.
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jueves, 24 de abril de 2014

Mito solidario



ENTRE LOS ABORÍGENES KIBIRI de Nueva Guinea se considera que si una persona fallece de noche durante la luna nueva, no podrá hallar el camino hacia el otro mundo. En dicha circunstancia, es una obligación de los deudos más cercanos ayudar al alma en desgracia a efectuar su viaje final. Este mandato es asumido con tal responsabilidad por los Kibiri, que el antropólogo Robert Dixon-Kraus testimonia en su libro «The moon as myth in archaic societies» el caso de un hombre que, al contar sólo con tres de las cinco cabras que le requería el médico brujo por el ensalmo que alumbrara el sendero de su esposa, completó la diferencia con sus dos únicas hijas, para reposo de su conciencia.
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Aunque los lectores más antiguos de El elefante acaso lo retengan en la memoria, vuelvo a publicar el presente texto ya que se ha hecho acreedor de un accésit en la convocatoria 3x200 que organizara recientemente Cuentos para el andén.
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jueves, 31 de mayo de 2012

La sirenita



LA SIRENITA, de largos cabellos que le llegan casi hasta la punta de la cola, juega con las cuentas de sus collares mientras observa al niño. Parado junto al castillo de arena a medio terminar, este le devuelve la mirada con la boca llena de silencio y el corazón sin riendas. De improviso, la sirenita le señala la caracola —en la que minutos antes el pequeño descargara todo el viento de sus pulmones— y le tiende las manos con las palmas hacia el cielo. Él comprende y le cede la caracola. Ella ríe y vuelve al mar. Cuando finalmente la pierde de vista, el chico se tumba sobre la arena y solloza. Entonces una niña, de largos cabellos que le llegan casi hasta los pies, le pregunta si puede ayudarlo a terminar el castillo.
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miércoles, 14 de marzo de 2012

Alunaciones



LO INTUYO sobre el tapial con la luna como telón de fondo. Pensé que la bendita bala había sido definitiva pero volví a equivocarme. Sabe que me caigo de sueño. Lo sabe y desglosa calmadamente su silueta de la luna. ¿Para qué echarle llave a la puerta? A veces me arrepiento de lo que hice, otras veces lo celebro. Ella se lo merecía. ¡Tantas humillaciones, tantos menosprecios, tantos años de inefable e infinita frialdad...! ¡Ah!, ya estás aquí: adiviné el peso de tus ojos en la espalda. Disculpá que no te ofrezca un plato envenenado, se me acabó la leche. ¿Te quedás mudo? Claro, ya sé, te reservás para luego, para cuando cierre la mirada. ¿Tenés una puta idea de hace cuánto tiempo no me permitís dormir...? No seas cínico, no sonrías. O sí, me vale..., maullá cuanto quieras..., al fin que la luna rodará hacia otros cielos y a mí aún me quedan cigarros.


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jueves, 29 de septiembre de 2011

Erizo



EN LAS NOCHES de luna llena el cuerpo de Ileana se cubre de plumas de colores. Ariel le manifiesta que luce tan hermosa como un ave del paraíso o un quetzal. Ella le agradece, y luego se encierra en el dormitorio a llorar. Sabe que miente, que rechaza su imagen, que tapa las superficies reflectantes, que le niega el cobijo de sus brazos cuando más lo necesita.
Pero una noche Ileana ya no resiste el desamparo.
―¡Me abrazás o me mato! ―dice con un cuchillo sobre su vientre.
Ariel le conoce ese brillo en la mirada y sabe que habla en serio. Resueltamente camina hacia el armario y descubre el azogue:
―¿Cómo abrazarte si mi cuerpo muda de esta manera?
―Así ―responde Ileana mientras acomoda su levedad de plumas entre los brazos de aquel revoltijo de espinas que sólo se desenmascara ante el espejo.

martes, 13 de julio de 2010

Una noche en altamar



DESDE el fondo del bote extendió sus brazos hacia la luna como si quisiera abrazarla. El esfuerzo le dolió en todo el cuerpo, salvo en los ojos. Al instante, descubrió que la luna se agigantaba como si estuviera derrumbándose sobre él. Instintivamente arrió los brazos, aún en alto, para cubrirse. Y alcanzó, antes de perder el sentido, a oír unas voces lejanas, como de fantasmas: «Le juro capitán, por lo que más quiero, que había alguien a bordo de este bote».


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Foto © Martin Day, Boat


miércoles, 9 de junio de 2010

Mito solidario



ENTRE los aborígenes Kibiri de Nueva Guinea se considera que si una persona fallece de noche durante la luna nueva, no podrá hallar el camino hacia el otro mundo. En dicha circunstancia, es una obligación de los deudos más cercanos ayudar al alma en desgracia a efectuar su viaje final. Este mandato es asumido con tal responsabilidad por los Kibiri, que el antropólogo Robert Dixon-Kraus testimonia en su libro «The moon as myth in archaic societies» el caso de un hombre que, al contar sólo con tres de las cinco cabras que le requería el médico brujo por el ensalmo que alumbrara el sendero de su esposa, completó la diferencia con sus dos únicas hijas, para reposo de su conciencia.


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Foto © Eric W.


lunes, 17 de mayo de 2010

Collage



LA CABELLERA RUBIA de una actriz le fue útil para simular un trigal. Sobre éste, le abrió paso a un tren sin rieles y sin humo pero tan presuroso como un chisme. Para el cielo eligió un rincón del Teatro Negro de Praga. Pero, como tras páginas y páginas de afiebrada búsqueda no halló nada que la representara, se quedó dormido junto al ventanal en la espera de la luna, para recortarla.


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domingo, 9 de mayo de 2010

Maneras



EL ENFERMERO halló al loco en el parque haciéndole dobleces a una hoja de papel.

—¿Por qué no estás en tu habitación?: la hora de los paseos ya terminó.

—¿Ve la luna?

—Sí.

—Pronto estaré allí.

El enfermero sonrió.

—¿Y cómo pensás llegar?

El loco sonrió.

—¿Ve esto?

—Ja, ya sé: ¡en un avión de papel!

—¡Qué ignorante! Un avión jamás lograría superar la atmósfera —un mohín se adueñó del enfermero—; en cambio, existen otras maneras más adecuadas, verbigracia, en barco.

El enfermero volvió a sonreír.

—Por supuesto —dijo, y dándole la espalda, agregó—: Pero mejor regresemos. ¿Escuchaste? —Y al voltearse, lo único que halló fue un barquito de papel sobre la Luna reflejada en la fuente.


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Arte © Jorge Porras, «Canción de luna»


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