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miércoles, 10 de junio de 2015

Siete cualidades que se deben poseer para ser escritor, según Roald Dahl



1. Se debe poseer una viva imaginación.
2. Se debe ser capaz de escribir bien. Quiero decir, que uno debe ser capaz de hacer vivir una escena en la cabeza del lector. Todo el mundo no puede hacerlo. Es un don: se tiene o no se tiene; es así.
3. Se debe tener energía. En otros términos, uno debe ser capaz de atarse a lo que hace y no abandonarlo jamás, hora tras hora, día tras día, semana tras semana, mes tras mes.
4. Se debe ser perfeccionista. Ello significa que uno jamás debe sentirse satisfecho de lo que ha escrito hasta que no lo haya reescrito una y otra vez, con el objeto de que quede lo mejor posible.
5. Se debe tener una sólida autodisciplina. Uno trabaja solo, no tiene jefe. Ninguna de las personas que están alrededor le dirán a uno qué sucedería si no regresara al trabajo.
6. Si tiene cierto sentido del humor, ello ayuda mucho. Esto no es esencial si uno escribe para adultos, pero para los niños es imprescindible.
7. Se debe tener una dosis de humildad. El autor que piensa que su trabajo es extraordinario, está abocado a grandes decepciones.
Roald Dahl
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martes, 20 de enero de 2015

Decálogo de Espido Freire



1. Mantén bajo control tu ego. Mantén bajo control tu inseguridad. Tu obra se alimenta de ti, asegúrate de que se nutre bien.
2. Escribes literatura, no historia. Tienes la licencia, y en ocasiones, la obligación de inventar.
3. Evita la cursilería, y nunca la confundas con la erudición.
4. Huye de las frases hechas. No escribas «Oleadas de placer», ni «Marco incomparable».
5. No espantes a tus amistades con una continua charla sobre tu obra: ya te aclamarán como genio cuando mueras, de momento trabaja y sé modesto.
6. No cometas el error de entrar en camarillas, ni de criticar a autores, por muy detestables que éstos te parezcan. Algún día serás uno de ellos, y no te gustará.
7. Lee con orden y profesionalidad. Lee hasta el agotamiento, pero no más allá.
8. No te perpetúes en cursos o talleres literarios. Éste es un oficio solitario, queramos o no.
9. No mientas sobre tus influencias o tus lecturas. Se nos pilla siempre.
10. Crea tu propio decálogo y sé todo lo fiel que puedas a él.
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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Las reglas de Neil Gaiman



1. Escribe.
2. Pon una palabra después de otra. Encuentra la palabra precisa, escríbela.
3. Termina lo que estás escribiendo. Sea lo que sea que tengas que hacer para terminarlo, termínalo.
4. Déjalo reposar. Léelo como si nunca lo hubieses leído antes. Muéstraselo a amigos cuya opinión respetes y que gusten de ese tipo de textos.
5. Recuerda: cuando la gente te diga que algo no está bien o no les funciona, casi siempre tienen razón. Cuando te digan exactamente que piensan que está mal y cómo arreglarlo, casi siempre se equivocan.
6. Arréglalo y recuerda que, más tarde o más temprano, antes de que alcance la perfección, tendrás que dejarlo marchar, seguir adelante y empezar a escribir la siguiente historia. Alcanzar la perfección es como perseguir el horizonte. Sigue avanzando.
7. Ríete de tus propios chistes.
8. La regla principal para escribir es que si lo haces con suficiente seguridad y confianza, se te permite hacer lo que te dé la gana (esta regla puede funcionar para la vida, tanto como para la escritura, pero es definitivamente cierta para escribir). Así que, escribe tu historia como necesite ser escrita. Escríbela con honestidad y cuéntala lo mejor que puedas. No estoy seguro de que haya otras reglas. Al menos, no de las que importan.
Neil Gaiman
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domingo, 13 de octubre de 2013

El buen cuento (decálogo apócrifo), de Edmundo Valadés



1. Un cuento debe saber contar bien una historia.
2. Un buen cuento no debe incluir elementos innecesarios.
3. Un buen cuento debe tener un buen principio, un buen diálogo, una buena estructura y un mejor final.
4. Un buen cuento debe atrapar desde las líneas iniciales la atención del lector.
5. Un buen cuento inicia sus tramas en el momento crítico.
6. Un buen cuento no debe rebasar las veinticinco páginas.
7. Sea usted breve.
8. Por lo tanto, un buen cuento debe ser conciso.
9. Un buen cuento debe tener un golpe sorpresivo final.
10. Un buen cuento se tantea y se arrea desde las piernas de una temprana y atractiva muchacha.
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viernes, 3 de mayo de 2013

Quince apuntes en torno al cuento, de Ángel Zapata



1. El cuento debe conmover, herir, maravillar; algo en el cuento debe llamar por su nombre al lector: forzarlo a que despierte.
2. Como los individuos, como las sociedades, un cuento no debe «funcionar», sino existir.
3. Las tramas narrativas no reflejan el modo en que las cosas ocurren «en la realidad», sino las redes que empleamos para apresar lo que ocurre. El cuento indaga precisamente aquello que las tramas convencionales no sabrían captar: es el intento de rodear un resto siempre inaprensible.
4. En la novela la trama es causa. En el relato, mero efecto.
5. El cuento debe parecerse a la vida en esa cualidad que tiene la vida de no parecerse a nada.
6. Es verdad que el avance del cuento debe ir despertando en el lector el deseo de saber, a condición de que el deseo no se vea realizado sino de un modo irónico: a condición de que el cuento desemboque en eso que el lector sabía sin querer.
7. El cuento es una ética de la escritura, y por eso un buen cuento siempre deja algo que desear: le hace un sitio al deseo del Otro.
8. En la novela (o por lo menos en la gran novela clásica, burguesa) la escritura se subordina a la historia, sirve a la historia: las partes trabajan en beneficio de un todo, que les es exterior y heterogéneo. En el cuento la escritura emerge, la producción textual no resulta alienada como producto en el todo de la representación: el trabajo es soberano, y hace su historia.
9. El despliegue del universo novelesco exige la constancia de lo positivo y lo dado; el cuento nace de un rechazo, devuelve el acto de narrar a la pregunta por sus condiciones.
10. El realismo desvía al cuento de su vocación. Al igual que el poema, el cuento no apunta a la realidad, sino a lo real en tanto lo imposible de decir.
11. Dentro del cuento, no se trata tanto de escribir una historia, como de inscribir aquello que la interrumpe.
12. El cuento no debe ayudarnos a soportar la realidad (esta es la exigencia falsamente benévola a la que apelan todos los conformismos), sino a situar en nuestra realidad lo insoportable, y a situarnos frente a ello.
13. En cierto modo, el cuento no es una narración en la que se ha eliminado todo lo insignificante, sino una narración en la que se ha eliminado todo menos lo insignificante, esto es: aquello que aún debía reapropiarse su potencia de significar.
14. La novela clásica tiende a la acumulación (de referencias, de hechos, de sentido); se apuntala sobre el imaginario de la totalidad y la riqueza. El cuento sabe de la castración, de la pobreza de la realidad, y es —como el Eros platónico— hijo de la escasez y del recurso.
15. El rechazo a llegar, la pasión de ir, son distintivos tanto del cuento como del cuentista. El cuento es lo que siempre está en camino. En un cuento, lo único falso o engañoso ha de ser, justamente, su brevedad.
Escribir un cuento (5 propuestas)
Asociación cultural Mucho Cuento
Córdoba, 2008
Fuente: Culturamas
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domingo, 17 de junio de 2012

Decálogo del imperfecto cuentista, de Félix J. Palma



Como todo cuentista que se precie termina componiendo un decálogo, aquí os dejo el mío, que acabo de pergeñar sin el menor ánimo pontificador, tan sólo con el propósito de exponer de forma divertida el puñado de intuiciones que me guía cada vez que abordo un relato. Pese a vuestras discrepancias, espero que os resulte al menos entretenido. Y recordad que también se puede escribir un buen cuento infringiendo cualquier decálogo, especialmente este.
1) La importancia de la segunda frase. Suele decirse que las dos frases más importantes del relato son la primera y la última. La primera porque, aparte de incitar a la lectura, en ella debe hallarse embotellado el cuento, y la última porque debe volver coherente lo anteriormente expuesto. Pero yo quisiera aprovechar para revindicar el valor de la segunda frase, a la que no se le da importancia pero que en mi opinión es clave, pues establece la manera en la que va a contarse la historia. En la segunda frase está contenido el ritmo de la narración, el tono del narrador y su forma de tratar la historia que va a contarnos.
2) La importancia del perro. Este punto hace referencia a la economía de elementos que debe caracterizar a todo relato que se precie. Si el protagonista, en un determinado momento de la narración, se desentiende de la acción para comprar un perro, ese perro debe salvarle la vida para ganarse su inclusión en el relato. Por esa misma regla, el árbol genealógico del protagonista será más o menos frondoso en relación con el argumento. El personaje tendrá hermanos, madre, esposa, ex esposa, sobrinos, o abuelos solo si estos le ayudan a sostener la cruz de la trama. Ninguno puede presentarse a cenar con las manos vacías.
3) El tamaño no importa. De los variados elementos que caracterizan el relato, el menos determinante es su extensión. Un relato debe tener la extensión que necesite, y será relato siempre que tenga osamenta de relato. Si carece de digresiones, subtramas, anécdotas y demás adornos de la novela, será relato aunque tenga 200 páginas, y si carece de las características del microrrelato, es decir, si continua manteniendo su patrón diáfano de presentación, nudo y desenlace, no será un microrrelato aunque tenga una sola línea.
4) La amenaza del espacio exterior. Un relato debe terminar en sorpresa, no porque sea obligado, sino porque todo cuento debe contar una historia, y toda historia debe estar alumbrada por una mudanza narrativa o conflicto. El relato sorprende con el material que nos ha sido dosificado en las páginas que lo componen: la sorpresa nunca debe venir del espacio exterior, ser ajena al relato, debe estar oculta en él como un polizón.
5) La importancia del final. Un cuento puede tener muchos principios, pero un solo final. Si uno no tiene un final, no debería escribir un relato a menos que sea Hipólito G. Navarro o un genio.
6) El cuidado de la poda. Un cuento no estará terminado hasta que en la corrección no podamos quitarle nada más. Por otro lado, una poda excesiva puede malograr el relato al robarle parte de sus virtudes.
7) La importancia del silencio. Por mucho que los personajes hablen, un cuento solo debe tener diálogos si es imprescindible.
8) La importancia de la mentira. Escribir un relato consiste en engañar, mentir, despistar al lector. En hacerle mirar para otro lado mientras le robamos la cartera.
9) La importancia de saber convertirse en otro. Uno debe pensárselo muy bien al dar por terminado un relato, porque una vez acabado el cuento debe expresar todo lo que ha querido decir su autor mientras este guarda silencio. Si alguien tiene que explicar un chiste es que lo ha contado mal. Todo autor, en fin, debe metamorfosearse en lector antes de dar por válido un cuento.
10) La escasa importancia del decálogo. El que un escritor pueda redactar un buen decálogo no implica que pueda escribir un buen cuento, y viceversa.
Félix J. Palma

Tras la publicación en la web del autor del presente decálogo se desató, entre varios reconocidos escritores, un intercambio de opiniones en torno a lo expresado en el punto 7. Dado lo interesante del debate me he tomado la libertad de transcribir parte del mismo.
[...]
Juan Carlos Márquez: Yo no estoy de acuerdo con algunos puntos del decálogo, pero para eso están los decálogos: para no estar de acuerdo. Eso sí, a mí no me la das, Félix: tú sabes que hay por ahí muy buenos cuentos dialogados.
Miguel Ángel Zapata: El punto 7 del decálogo, esencial. Creía ser el único que defendía tal tesis. Odio hacer pasar la intensidad de un cuento por un fragmento de novela o un partido de frontón entre dos personajes a los que ya no hay quien les pare la lengua. Además, es ya una cuestión de educación primordial: cuando el autor está escribiendo un cuento, es intolerable que los personajes se pongan a hablar, así, como si no existiera tal autor o tal acto de escritura, ignorándolo, menospreciando su arte. Sólo propongo la salvedad de que el cuento se construya íntegramente mediante la técnica del diálogo, sin estilo indirecto o cesión externa del protagonismo a unos y otros parlantes, sólo conversación, y que ésta sea escueta y contenga varios mundos dentro. Esto nos lleva a la cuestión de las voces y el estilo: ¿nos imponemos a lo creado o dejamos que éste (personajes, trama, tono) imponga sus condiciones? Yo abogo por saber (siempre, siempre) que ese cuento es de Cortázar y de ningún otro, independientemente de que hable de fotógrafos fagocitados por su cámara o cronopios. Estilo definido y trabajado, no mímesis con el entorno.
Félix J. Palma: Iba a contestarte, Juan Carlos, pero veo que Miguel Ángel se me ha adelantado, desarrollando magistralmente el punto 7. Es justamente lo que opino: el diálogo, en la mayoría de los cuentos, suele ser prescindible, fácilmente sustituible por una descripción del narrador de la conversación de turno. Sólo tolero, como lector y autor, salpicarlo de alguna frase recurrente, lapidaria o con cualquier otra función dentro de la trama del relato, y siempre que sea preferible a entrecomillarla. El cuento dialogado de principio a fin es otra cosa. Nunca he escrito uno así, ni siento el menor interés en hacerlo, no sé por qué. Supongo que sentiría que estoy haciendo trampas, tirando por lo fácil. Y sí, Miguel Ángel, el estilo es el hombre y el perfume de la prosa. Aunque a veces un estilo demasiado personal supone un hándicap a la hora de abordar ciertas historias.
Juan Carlos Márquez: "Haciendo trampas", "Tirando por lo fácil". Prueba, prueba, Félix. Creo que no nos vamos a poner nunca de acuerdo en este punto. Ni falta que hace. 
Félix J. Palma: ¿Y escribir una historia sin descripciones, sin reflexiones, sin poder ser yo más que a través del diálogo? No sé, Juan Carlos, creo que cualquier historia que se cuente usando únicamente el diálogo ha de empobrecerse inevitablemente. Otra cosa sería que la única forma de contarla fuera ésa..., pero, ¿existe una historia así?
Juan Carlos Márquez: No sé si existe o no, al menos no sé si existe cumpliendo todas esas normas, pero si no existe alguien tendrá que escribirla.
[...]

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viernes, 27 de abril de 2012

Decálogo del buen microficcionista, de Raúl Brasca



1) No te ajustes a definición alguna, la microficción no ha sido aun domesticada, pero lee mucho y bueno para vislumbrar de qué se trata.
2) Dispones sólo de dos materiales: las palabras y el silencio, y debes lograr que ambos sean igualmente significativos.
3) Esfuérzate por escribir con la menor cantidad de palabras y la mayor cantidad de silencio, pero asegúrate de que tu microficción contiene las claves imprescindibles para ser comprendida. Si has logrado eso, detente: considera al lector tan inteligente como tú.
4) Cuida la calidad de tus palabras, la arquitectura y la música de tu microficción. Mucho más que la novela y el cuento, y casi tanto como el poema, la microficción alcanza su potencia por medio de la forma.
5) Cuida la calidad de tu silencio, si es elemental y falto de sustancia, tu microficción será una pieza menor que decepcionará a los buenos lectores.
6) Si has cumplido con los puntos anteriores, despreocúpate del final pero preocúpate por la última línea. El final es el sentido y lo produce el lector, pero tú última línea debe habilitarlo para que lo haga.
7) Si tu microficción contiene una historia, cuídate del resumen. Ninguna buena microficción es el esquema de una historia, ni siquiera lo esencial de ella. Un detalle objetivamente trivial pero cargado de significado por el autor, dice más y mejor que la prolija enumeración de los hechos.
8) Si tu microficción es humorística, cuídate de la simpleza del chiste. El silencio del chiste es elemental: se agota en permitir el equívoco y tiene como única finalidad esconder un sentido de efecto risible. El silencio de la microficción humorística no tiene por qué ser menos sustancioso y complejo que el de las que no lo son.
9) Confía en tu impulso creador. Todas las microficciones hijas de un mismo impulso creador, por heterogéneas que parezcan, pertenecerán a una misma familia. No dejes que te las impugnen, porque en la variedad está su riqueza.
10) Desconfía de los sabihondos que escriben decálogos. En general, los decálogos sirven solamente para publicitar la poética de quienes los escribieron.
Raúl Brasca
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domingo, 5 de febrero de 2012

Los diez mandamientos del escritor




1. Te amarás a ti mismo por sobre todas las cosas.
2. No mencionarás el nombre de Borges en vano.
3. Seis días descansarás y uno escribirás.
4. Te inventarás tu propia filiación literaria.
5. Si cometes parricidio generacional, será con pudor y disimulo.
6. No seducirás a la poetisa en busca de prólogo
7. No robarás las metáforas del poeta inédito.
8. No llamarás palimpsesto intertextual a la simple copia banal.
9. No desearás el éxito de ventas del prójimo escritor.
10. No eliminarás las comillas de las citas ajenas.

Fernando Aínsa
De Prosas entreveradas

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martes, 12 de julio de 2011

Decálogo del escritor de minicuentos...

Belinda del Pesco, Red Pillow 72


...de José de la Colina


1. Escribir o leer cuentos largos acorta la vida.


2. Escribir o leer cuentos cortos no alarga la vida, pero la enriquece.


3. En la naturaleza del cuento corto está el ser caprichoso, imprevisible e impuntual. No le gusta ser citado, previsto, preparado. El cuento corto simplemente sucede.


4. Que no te digan que el cuento corto no es profundo. Replícales con este, cortísimo y de quién sabe quién, que trata de toda la condición humana: “Nació, vivió, murió.”


5. No creas que suprimiéndole palabras a un cuento largo obtendrás un cuento corto. El cuento corto suele nacer ya con su justo número de palabras.


6. Un cuento, si corto, dos veces buen cuento.


7. Más vale cuento corto volando por los aires que novela larga arrastrándose por tierra.


8. El que a cuento corto mata… quizá de novela larga muera.


9. Un cuento de cincuenta páginas es un cuento corto si está narrado con la máxima velocidad. (Pero debes saber que es dificilísimo, prácticamente imposible, lograr esa velocidad en cincuenta páginas.)


10. Dios, si existiera, sería un cuento corto… aunque eterno.


Río Mixcoac, 12 de junio de 2004.


Arte: Belinda del Pesco, Red Pillow 72

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lunes, 28 de diciembre de 2009

Diez mandamientos para escribir con estilo


Diez mandamientos para escribir con estilo


I

Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.


II

El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.


III

Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.


IV

El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.


V

La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; también la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.


VI

Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo una afectación.


VII

El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.


VIII

Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.


IX

El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.


X

No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría.


Friedrich Nietzsche



La negrita es del Elefante

Foto © Adrián Markis


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