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lunes, 22 de agosto de 2016

Siempre



DICEN que hay algo malo conmigo. Lo dicen un par de señores de alas enormes y gesto grave. Yo les repito que te extraño como al aire y al agua, y ellos callan y se apartan y conferencian. Y llaman a otro señor y a otro. Finalmente, el más anciano de todos posa ambas manos sobre mi cabeza y sonríe. «¡Olvida, como Dios manda, a quien hayas querido!», dice, y yo, cuando él retira sus manos, sigo preguntando por vos. Una y otra vez. Siempre.
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domingo, 15 de septiembre de 2013

Los afanes de un padre



QUISO DIOS que el mismo día que me ordené sacerdote, un 25 de octubre de hace casi cincuenta años, comenzara también mi afición secreta. Recuerdo a aquel pequeño gorrión desamparado que encontré en la calle y cómo, por misericordia, le torcí el cuello. Incapaz de abandonar su cuerpo para festín de algún gato sarnoso, lo envolví en un pañuelo con la intención de darle cristiana sepultura. Pero impensadamente le extendí las alas y supe, como si fuera una revelación, que debía coleccionarlas. Desde entonces, cada 25 de octubre, sumo un nuevo par de alas a mi repertorio: de un canario, de un zorzal, de un periquito... Párrafo aparte merecerían las peripecias que padecí al desviar, en sendas oportunidades, los fondos de la colecta anual para engalanar mi colección con las alas de un quetzal y un águila calva. O cuando robé del museo de La Plata los restos fósiles de un arqueópterix. Sin embargo, próximo a cumplir mis bodas de oro como coleccionista y sacerdote, prefiero referirme al deseo de coronar mi afición de manera única. Mi amiga y confidente, Sor Lourdes, ha accedido a brindarme su ayuda: desde hace años, los 25 de cada mes, la visita clandestinamente un ángel.
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domingo, 10 de febrero de 2013

El castigo



SE ENCONTRARON en la Plaza de San Marcos y, aunque ambos sabían que los suyos no eran disfraces, bailaron, rieron y se amaron como si no hubiera un mañana.
Pero lo hubo.
Un amanecer en el que maldijeron la efímera noche de gozo que, aparte de costarle las alas a ella y los cuernos a él, los condenó a la indecorosa tarea de engendrar humanos.
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jueves, 18 de febrero de 2010

Sin retiro


CUANDO LA JOVEN, bella y arrepentida prostituta cruzó las puertas del cielo, creyó que había sido absuelta de sus pecados. Ignoraba que en verdad la requerían, clandestinamente, por su oficio.


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martes, 25 de agosto de 2009

Singin’ in the rain


Una tarde de cielo diáfano, sólo roto por una minúscula nube, un hombre tarareaba «Cantando bajo la lluvia» cuando recibió el portentoso azote de un relámpago. «Es que desafinaba mucho», se excusó luego ante Pedro, el Querubín de buen oído.


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