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sábado, 30 de junio de 2018

Espejos



EL HOMBRE se para frente al espejo, se corre hacia un lado y hacia otro, intensifica la mirada, como si esperase un milagro, y vuelve, como todas las noches, a bufar. De repente, la esposa entra y le pregunta:
—¿Estás bufando?
—Sí, querida; hacer el nudo de la corbata nunca va a ser uno de mis puntos fuertes —improvisa, da una última mirada al espejo, y agrega—: Ya tengo que irme.
—¡Ay!, ¿cuándo te van a cambiar de horario?
—Un día de éstos.
Ella extiende una mano y él se acerca, se abrazan y se besan.
—¡Un día de éstos! —repite, y se dirige hacia la puerta de calle, la abre y la cierra, pero no sale.
Cuando la mujer se retira al dormitorio, él, sigilosamente, hace lo propio al jardín y se transforma. Entre aleteo y aleteo, siente que aún no tiene corazón para confesarle la verdad, y, menos aún, para pedirle que se convierta.
Ella, entretanto, toma un libro escondido bajo la cama, y piensa que será la mujer más feliz del mundo cuando él se atreva a decirle la verdad, la convierta, y ya no deba fingir que es tan ciega como los espejos.
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miércoles, 20 de julio de 2016

Una visita inesperada



MIENTRAS resolvía a disgusto ecuaciones de primer grado, un castillo diminuto se desplazó desde una esquina a otra de mi escritorio. Instintivamente miré hacia la biblioteca. Faltaba un libro. Me puse en pie y el castillo saltó al suelo y se encaminó hacia la puerta. «¡No temas!», le dije, «sólo quiero saber si sos el castillo del mago Howl». Una luz intensa brotó de su interior. «¡Calcifer!», exclamé, y el demonio de fuego que alimenta el hogar y mueve al castillo, volvió a palpitar con fuerza. Entonces le pregunté por Sophie, por Howl, por Michael…; debí de abrumarlo, porque el castillo marchó hasta el libro de Diana Wynne Jones —oculto bajo mi almohada— y se zambulló entre sus páginas.  El splash me empapó la cara de palabras. Angustiado, me apresuré a leer: «En el reino de Ingary, donde existen cosas como las botas de siete leguas y las capas de invisibilidad, ser el mayor de tres hermanos es una desgracia». Parecía que todo estaba en orden, así que cerré el libro y lo coloqué de nuevo en la biblioteca. Durante varias semanas no ocurrió ningún otro incidente. Pero una tarde, al volver de la escuela, faltaban dos libros de mi biblioteca. Uno era, lógicamente, «El castillo ambulante»; del otro no tuve ni idea hasta que, a lomos del mismo, el castillo apareció con una niña a través del espejo.
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viernes, 20 de junio de 2014

Sentirse a gusto



ESTA MAÑANA el espejo del baño me informó que, pegadita a la mía, sobre la mejilla derecha, se me había instalado una segunda nariz. Como si aquel espejo estuviese descompuesto, apelé al resto de los que había en casa para que lo refutasen. Ninguno lo hizo. Furioso me sujeté la nueva nariz y tiré con todas mis fuerzas. No pude contener el grito. «¿Cómo se había incrustado tan firmemente en mi rostro?; ¿de dónde había venido?; ¿por qué tuvo que meterse conmigo?», me acosaban éstas y otras inquisiciones cuando vi que, empujada por la otra, mi nariz se desplazaba hacia la izquierda. A poco revalidé que, en efecto, la nariz foránea estaba desalojando impunemente de su lugar a la mía. Media hora le bastó para conseguirlo; al cabo de la cual la que fuese mi nariz se desprendió como una hoja. Alcancé a manotearla en el aire y, pese a lo vergonzante de su resistencia, la envolví amorosamente en un paño. En ese instante llamaron a la puerta.
La mirilla me reveló a una mujer que cubría su cara con un velo. Sin abrir, le pregunté qué deseaba.
—Vengo para hablar con mi nariz —dijo.
—No sé a qué se refiere —respondí.
—¡Por favor, no mienta; sé que está aquí! Mire —extrajo un papel de su cartera—, me dejó una carta en la que dice que ha hallado un rostro donde sentirse realmente a gusto y que, en caso de ponerme nostálgica, podía visitarla en esta dirección.
Me quedé mudo.
—¿No me diga que no llegó? ¿Y si le pasó algo? La calle es tan insegura para una nariz sola... ¡Ay, Dios mío, me muero!
—No, no se muera frente a mi puerta —dije mientras abría.
Al verme, vociferó:
—¡Ésa es mi nariz!
—Era —repliqué.
Cuando dejó de insultarme, le exigió a su nariz que volviese con ella, pero la susodicha se negó enfáticamente. Tuve miedo de que la mujer se decidiese por métodos violentos. Entonces me acordé de la nariz en el paño y le sugerí que se la probase.
—Siempre me habían dicho que mi exnariz era algo masculina —dijo mientras se estudiaba en el espejo.
—Siempre me habían dicho que mi exnariz era algo femenina —dije casi al mismo tiempo.
Nos reímos largamente y, aunque parezca mentira, en aquel momento recién comenzaba para nosotros la parte más importante de esta historia.
Safe Creative #1406201284307
Lectura en La Voz Silenciosa:

 

 En Google Books como parte de la antología Con un par de narices (edición de La Esfera Cultural).
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lunes, 8 de julio de 2013

El espejo tiene dos caras



AYER, mientras hacía el nudo de mi corbata, el espejo me reflejaba cepillándome los dientes. Deduje que se había descompuesto, y llamé, gracias a las páginas amarillas, a un reparador de espejos. Éste, tras verse reflejado sin demoras, y comprobar que, en cambio, yo era exhibido con la guía telefónica en una mano y el celular en la otra, me dijo que el espejo no tenía ningún problema, que la cuestión pasaba por mi imagen.
—¿Puede repararla? —le pregunté.
—No, eso se escapa de mi esfera laboral, pero no se preocupe: mi cuñado es médico de imágenes especulares —me dijo y me extendió una tarjeta.
Desgraciadamente, el facultativo sólo disponía de turnos libres para dentro de un mes. Incapaz de quedarme de brazos cruzados hasta entonces, me planté frente al espejo e increpé a mi imagen. Cuando se me agotó la saliva, dijo que no era necesaria tanta agresividad. Y pasó a referirme sus aflicciones: su mujer lo había abandonado por otro, le habían bajado el sueldo apelando a la crisis, se estaba quedando calvo… Curiosamente sus problemas coincidían con los míos.
Ahora, mientras el espejo me refleja haciendo el nudo de la corbata, yo recién estoy cepillándome los dientes.
Safe Creative #1307085398022

El presente texto ha recibido en el mes de junio pasado una mención en el III Certamen de relato corto... para mesilla de noche que organiza el sitio Esta noche te cuento.
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jueves, 7 de junio de 2012

Apetitos



TRAS entregarle sus pertenencias, le pidió al bandido que por nada del mundo se mirase en el espejo de oro que contenía aquel estuche.
Unas palabras extraviaron a las otras y el salteador, un instante después, exclamó:
—¡Qué demonios! ¡Este espejo ni reflej...!
—Eso se debe a que en lugar de mostrar lo que ve, se lo devora —dijo el hechicero antes de recogerlo cautelosamente del piso por uno de sus lados.

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jueves, 29 de septiembre de 2011

Erizo



EN LAS NOCHES de luna llena el cuerpo de Ileana se cubre de plumas de colores. Ariel le manifiesta que luce tan hermosa como un ave del paraíso o un quetzal. Ella le agradece, y luego se encierra en el dormitorio a llorar. Sabe que miente, que rechaza su imagen, que tapa las superficies reflectantes, que le niega el cobijo de sus brazos cuando más lo necesita.
Pero una noche Ileana ya no resiste el desamparo.
―¡Me abrazás o me mato! ―dice con un cuchillo sobre su vientre.
Ariel le conoce ese brillo en la mirada y sabe que habla en serio. Resueltamente camina hacia el armario y descubre el azogue:
―¿Cómo abrazarte si mi cuerpo muda de esta manera?
―Así ―responde Ileana mientras acomoda su levedad de plumas entre los brazos de aquel revoltijo de espinas que sólo se desenmascara ante el espejo.

viernes, 15 de abril de 2011

Desde el trasmundo

René Magritte, Homenaje a Mack Sennett, 1937



LEÍA plácidamente cuando un ruido me interrumpió. Al levantarme de la cama, junto al espejo del armario, hallé el cuerpo de una mujer apuñalada. De pronto unos guardias y un muchacho entraron a la habitación, o, mejor dicho, entraron a la habitación que se veía en el espejo. El muchacho señaló al ocupante del cuarto y dijo:


―Éste ha sido.


Tras esposar al acusado, los guardias revisaron la habitación. Pero como no había rastro del cadáver ni había gozado el hombre del tiempo suficiente, dijeron, para una ocultación esmerada, lo soltaron y le pidieron disculpas por el equívoco. Mientras los guardias se retiraban, el muchacho, de espaldas ante el espejo y girando sobre sí mismo, aún insistió con una última mirada meticulosa. Entonces agarré el cadáver de la mujer y lo corrí.


―¿Por qué no se llevan a este mocoso de una buena vez? ―dijo el hombre, al tiempo que el joven pasaba su mirada por el azogue.


Al quedarse solo, el asesino se asomó al espejo.


―Me debes una ―le dije, y se asustó bastante al comprobar que su propia imagen le hablaba.



Safe Creative #1104158982207

Arte: René Magritte, Homenaje a Mack Sennett, 1937


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El presente microrrelato tiene como hipotexto al clásico de Ramón Gómez de la Serna, Yo vi matar a aquella mujer.

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martes, 4 de mayo de 2010

Espejados



Todos los días, durante un minuto, pienso en cómo pude caerme dentro del espejo y que no te des cuenta, mientras nos miramos, que somos diferentes.



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El presente texto resultó ganador del concurso de microrrelatos semanal (del 23 al 30 de abril) que organiza Radio Castellón Cadena Ser.


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