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miércoles, 11 de marzo de 2015

Voces



SIEMPRE había sido sordo. Nunca supo cómo sonaba una voz hasta aquella tarde en la sala de anatomía en que una lengua en formol le habló. Se sintió en otro mundo. Al principio le bastó con las charlas después de clase, pero un día no fue suficiente. Tenía tanto para intercambiar. Así que la hurtó. Mas con el tiempo resultó un tanto insulsa, y quiso entablar nuevas relaciones; dándose, entonces, a una meticulosa búsqueda de posibles interlocutores. Cuando creía toparse con uno, lo libraba del cuerpo sobrante haciendo uso de sus dotes de estudiante de cirugía. La prensa habló de quince víctimas, pero se le confirmaron trece; las otras dos fueron obra de un imitador chapucero, hambriento de notoriedad, que pronto cayó. Hace tres años, los ataques cesaron, y el expediente quedó abierto. Ayer, para nuestra sorpresa, se entregó. El teniente me reasignó, junto con Martínez, al caso; y nos informó que el imputado no podía hablar, un cáncer le había arrebatado la lengua. En nuestro primer interrogatorio, vía intérprete, lo supimos desesperado; ya no soportaba los monólogos.
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El presente texto ha sido uno de los 26 micros seleccionados en el 1º Concurso de Microrrelatos de Terror convocado por Librerío de la Plata y los organizadores del IV Festival de Cine de Terror de Sabadell.
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miércoles, 1 de febrero de 2012

Hacer patitos



«AL que llamás papá no es tu verdadero padre», me espetó mi vieja como quien lanza un guijarro al río para hacer patitos. Me quedé en silencio, la mirada perdida en el azul profundo de sus ojos. Entonces, cuando la primera piedra aún hacía piques en mi conciencia, arrojó una segunda. «Te cuento esto porque quiero que sepas la verdad antes de irme». ¿Te imaginás qué significaba ese «antes de irme»? No, seguro que no... Tiene cáncer. Le quedan semanas de vida, a lo sumo un par de meses. Te juro que no sabía si abrazarla o putearla. La abracé, y ella tuvo que consolarme a mí en lugar de yo a ella. Si la hubieras visto, tan digna y tan hermosa. Hablamos de su enfermedad, de hacer un viaje, de pasar unos días juntos en la costa como cuando era niño y me ayudaba a edificar castillos de arena. De improviso, sin que yo lo quisiera, retomó la cuestión de la paternidad y sus palabras, esta vez, se hundieron directamente hasta el fondo de mi alma.
¿No te has preguntado, amor, por qué tanto ella como tu papá veían hasta con mal disimulado júbilo que nuestra relación se estuviera desbarrancando?
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