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jueves, 6 de septiembre de 2012

Sueño de una noche de verano



AL ABRIR la ventana del dormitorio para que ingrese aire fresco le llaman la atención las cortinas del departamento de enfrente. “Son azules como las aguas del mar”, dice, mientras una mujer joven y curvilínea las descorre un par de palmos. El hombre se alegra de no haber encendido la luz cuando instantes después la muchacha se aleja de la ventana, se desviste y comienza a peinarse parsimoniosamente en la cama. Tras un largo rato la mujer se levanta, abre los vidrios de la ventana y se queda de pie entre las cortinas que una imprevista racha de viento agita como si fueran olas. Su rostro ovalado se vela y se desvela en ese vaivén azul. Al fin el aire se amansa y ella mira hacia el departamento del hombre, sonríe y comienza a cantar. Su voz se le antoja a él poblada de madréporas, hipocampos y delfines. Absorto comienza a bracear.
Cuando la sirena enloquecida de una ambulancia ahoga momentáneamente aquel dulce canto, al hombre le parece distinguir —justo antes de llegar al fondo del mar— la cola de un pez entre las cortinas.
Safe Creative #1209062301165

El presente texto ha recibido en el mes de agosto pasado una mención en el 2º Certamen de relato corto... para mesilla de noche que organiza el sitio Esta noche te cuento.
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jueves, 31 de mayo de 2012

La sirenita



LA SIRENITA, de largos cabellos que le llegan casi hasta la punta de la cola, juega con las cuentas de sus collares mientras observa al niño. Parado junto al castillo de arena a medio terminar, este le devuelve la mirada con la boca llena de silencio y el corazón sin riendas. De improviso, la sirenita le señala la caracola —en la que minutos antes el pequeño descargara todo el viento de sus pulmones— y le tiende las manos con las palmas hacia el cielo. Él comprende y le cede la caracola. Ella ríe y vuelve al mar. Cuando finalmente la pierde de vista, el chico se tumba sobre la arena y solloza. Entonces una niña, de largos cabellos que le llegan casi hasta los pies, le pregunta si puede ayudarlo a terminar el castillo.
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Safe Creative #1205311728967
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lunes, 2 de enero de 2012

Splash



LLEVABA días perdido en el desierto cuando descubrió a la sirena sobre el promontorio. Sabía que se trataba de una ilusión, pero no pudo resistir el caminar hacia ella.
—Tengo sed —dijo la ninfa.
—No puedo darte mi agua. Tú eres sólo un espejismo —respondió él.
—Si no lo haces, jamás volveré a ver a mis padres.
El hombre, tras advertir la nostalgia y el rumor de olas diminutas en los ojos del prodigio, le ofreció la cantimplora con su última ración de vida.
La sirena bebió calmosamente, luego dijo:
—Más de cien hombres pasaron por aquí antes que tú, pero eres el primero que ha compartido su agua con un espejismo. Al hacerlo, se ha roto la maldición que me aprisionaba. —Y mientras saltaba del promontorio, agregó—: A diferencia de ellos, mereces vivir.
El chapuzón de la sirena, cuyo canto ese día se escuchó desde el lejano mar en todo el desierto, lo salpicó con el agua fresca y pura del oasis recién nacido.
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