lunes, 6 de mayo de 2013

Ocasos



TRAS recorrer la línea costera descubrí que el mejor sitio para levantar una choza era una ensenada al otro lado de la isla. Reuní lo poco que salvé del naufragio y, en parte para ahorrar tiempo, en parte por mi afán exploratorio, escogí acortar camino por su interior.
Desde entonces pasaron varias semanas. La selva se ha vuelto rotunda e impenetrable y, toda vez que pienso en desandar el camino, lo único que hallo al mirar atrás es un desierto que se prolonga hasta donde muere el sol.
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viernes, 3 de mayo de 2013

Quince apuntes en torno al cuento, de Ángel Zapata



1. El cuento debe conmover, herir, maravillar; algo en el cuento debe llamar por su nombre al lector: forzarlo a que despierte.
2. Como los individuos, como las sociedades, un cuento no debe «funcionar», sino existir.
3. Las tramas narrativas no reflejan el modo en que las cosas ocurren «en la realidad», sino las redes que empleamos para apresar lo que ocurre. El cuento indaga precisamente aquello que las tramas convencionales no sabrían captar: es el intento de rodear un resto siempre inaprensible.
4. En la novela la trama es causa. En el relato, mero efecto.
5. El cuento debe parecerse a la vida en esa cualidad que tiene la vida de no parecerse a nada.
6. Es verdad que el avance del cuento debe ir despertando en el lector el deseo de saber, a condición de que el deseo no se vea realizado sino de un modo irónico: a condición de que el cuento desemboque en eso que el lector sabía sin querer.
7. El cuento es una ética de la escritura, y por eso un buen cuento siempre deja algo que desear: le hace un sitio al deseo del Otro.
8. En la novela (o por lo menos en la gran novela clásica, burguesa) la escritura se subordina a la historia, sirve a la historia: las partes trabajan en beneficio de un todo, que les es exterior y heterogéneo. En el cuento la escritura emerge, la producción textual no resulta alienada como producto en el todo de la representación: el trabajo es soberano, y hace su historia.
9. El despliegue del universo novelesco exige la constancia de lo positivo y lo dado; el cuento nace de un rechazo, devuelve el acto de narrar a la pregunta por sus condiciones.
10. El realismo desvía al cuento de su vocación. Al igual que el poema, el cuento no apunta a la realidad, sino a lo real en tanto lo imposible de decir.
11. Dentro del cuento, no se trata tanto de escribir una historia, como de inscribir aquello que la interrumpe.
12. El cuento no debe ayudarnos a soportar la realidad (esta es la exigencia falsamente benévola a la que apelan todos los conformismos), sino a situar en nuestra realidad lo insoportable, y a situarnos frente a ello.
13. En cierto modo, el cuento no es una narración en la que se ha eliminado todo lo insignificante, sino una narración en la que se ha eliminado todo menos lo insignificante, esto es: aquello que aún debía reapropiarse su potencia de significar.
14. La novela clásica tiende a la acumulación (de referencias, de hechos, de sentido); se apuntala sobre el imaginario de la totalidad y la riqueza. El cuento sabe de la castración, de la pobreza de la realidad, y es —como el Eros platónico— hijo de la escasez y del recurso.
15. El rechazo a llegar, la pasión de ir, son distintivos tanto del cuento como del cuentista. El cuento es lo que siempre está en camino. En un cuento, lo único falso o engañoso ha de ser, justamente, su brevedad.
Escribir un cuento (5 propuestas)
Asociación cultural Mucho Cuento
Córdoba, 2008
Fuente: Culturamas
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martes, 30 de abril de 2013

ENTS

Hace unos días me llegaron los libros del II Certamen de relato corto… para mesilla de noche. ¡Da gusto releer los textos en tan antiguo e inverosímil formato! El susodicho, intitulado Esta noche te sueño, se compone de 48 microhistorias —entre ellas la de un servidor— seleccionadas a lo largo de nueve meses y más de 1200 minis. Felicitaciones a todos los que la integran y especialmente a Jams por la iniciativa y su buen hacer. Sin más, les dejo la versión digital. ¡Disfrútenla!



jueves, 25 de abril de 2013

Oportunidades



COMO resulté ser idéntico a un magnate, me secuestraron por error. No obstante, la familia pagó el rescate sin chistar y me recibieron con los brazos abiertos tras la liberación. Pensé que aquel hombre tal vez había fallecido en un accidente y nadie lo sabía. Ambos hechos, concluí, habían coincidido fortuitamente. Me apena decir que rogué para que su cuerpo jamás apareciera. Pero la conciencia pudo conmigo, y una noche, tras hacer el amor, le confesé a la esposa que yo no era quién ella creía. Sonrió y me dijo:
―Lo que vos ignorás, es que ya no soportábamos al original.
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domingo, 21 de abril de 2013

La cocina de Octavio Paz



Nunca he podido mantener un horario fijo. Durante años, escribí en mis horas libres. [...] Un novelista necesita su máquina de escribir, pero se puede escribir poesía en cualquier momento, en cualquier parte. A veces compongo mentalmente un poema en el ómnibus o caminando por la calle. El ritmo de la caminata me ayuda a acomodar los versos. Después, cuando llego a casa, lo escribo. Durante mucho tiempo, cuando era joven, escribí de noche. Es más silencioso, más tranquilo. Pero escribir de noche también magnifica la soledad del escritor. Ahora escribo durante la última parte de la mañana y a la tarde. Es un placer terminar una página cuando cae la noche. [...] La prosa es otra historia. Hay que escribirla en un sitio tranquilo, aunque sea en el baño. Pero por encima de todo, es esencial tener uno o dos diccionarios a mano. El teléfono es el demonio del escritor. Y el diccionario es su ángel guardián. Yo solía mecanografiar, pero ahora escribo todo manuscrito, dos o tres veces, y después lo dicto a un grabador. Mi secretaria lo mecanografía y yo lo corrijo. En el caso de la poesía, escribo y reescribo constantemente.
Octavio Paz
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viernes, 12 de abril de 2013

Camino a Cheshire



EL SOL era tan ardiente que desembarcamos para guarecernos bajo la sombra de un almiar. Allí, las tres repetimos nuestra vieja frase: “Cuéntenos una historia”. Pero muy pronto aquella me pareció distinta. Tenía algo especial. Lo confirmaba la amplia sonrisa que el señor Carroll lucía suspendida sobre su hombro.
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Nota: Como una suerte de juego intertextual, la primera parte del presente micro está construida a partir de retazos de un texto en el que Alice Liddell (la Alicia de este lado del espejo) rememora el nacimiento de las famosas aventuras:
«Muchos de los cuentos del Sr. Dodgson nos fueron contados en nuestras excursiones por el río, cerca de Oxford. Me parece que el principio de “Alicia” nos fue relatado en una tarde de verano en la que el sol era tan ardiente, que habíamos desembarcado en unas praderas situadas corriente abajo del río y habíamos abandonado el bote para refugiarnos a la sombra de un almiar recientemente formado. Allí, las tres repetimos nuestra vieja frase: cuéntenos una historia, y así comenzó su relato, siempre delicioso».
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