LA FANTASMA atraviesa una de las paredes del estudio, se
sienta en el aire con las piernas cruzadas y le solicita al artista que le haga
un retrato. El pintor, tras reponerse
del susto inicial, acepta y se entrega con frenesí al trabajo. Varias noches
después, mientras charlan animadamente durante una pausa, el hombre se proclama
agradecido de que la vanidad de las mujeres se prolongue más allá de la vida, a
lo que la modelo responde: «Se equivoca, amigo mío, no es vanidad: gracias a su
arte podré finalmente decirle adiós a esta condición espectral… Cuando eso
suceda, ¿me va a extrañar?». Al pintor se le caen pinceles y colores, y,
mientras los recoge, alega que ya es muy tarde y que está cansado. A solas
consigo mismo comprende que se ha enamorado.
Entonces se le pasa por la cabeza la idea de fingir un siniestro, y, aunque
llega a encender unos diarios, sabe que no sería justo y los apaga. Y maldice y
solloza y gime. Ignora que la fantasma lo ha estado observando desde una de las
paredes y que, apenas él le eche llave al recinto, ella se las arreglará para
provocar un cortocircuito.
El presente texto resultó ganador, conjuntamente con los de Elisa de Armas, Ana Fúster y Raúl Ariza Pallarés, del mes de febrero próximo pasado en el III Certamen de relato corto… para mesilla de noche que lleva adelante el sitio Esta noche te cuento.
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