
domingo, 28 de agosto de 2011
El mejor aprendizaje y otros asuntos...
lunes, 22 de agosto de 2011
La prueba
viernes, 19 de agosto de 2011
El ojeba, alguien ha vuelto a apretar el gatillo
lunes, 15 de agosto de 2011
Relevo de pruebas
viernes, 12 de agosto de 2011
En la niebla y con patente de corso
La revista cultural El Corso de agosto ha tenido la gentileza de publicar el texto En la niebla de un servidor. A los que no conocen el microcuento, los invito a leerlo; a los que sí, a que vuelvan a disfrutarlo (o padecerlo, según se mire); y a todos, a que le echen un vistazo a la revista.
Clic sobre la imagen para ver a pantalla completa.
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lunes, 8 de agosto de 2011
Camila
ERA PERFECTA. La compré en un bazar de oriente y me costó un ojo de la cara, el izquierdo, para ser más preciso. Lo pagué sin chistar. Sus cinco centímetros de altura resumían la belleza de todas las mujeres del mundo.
Al tiempo, ella me dijo que añoraba su tierra, que un símbolo de la misma, un camello, disminuiría su aflicción.
―Pero, dónde voy a poner un camello. ¿En la sala? ―le dije azorado.
―En un establo, junto a mi casa, sobre tu escritorio ―dijo, y comprendí que debía volver a oriente.
Su deseo me costó una oreja. Tras oír su canto, pegado a mi oreja única, olvidé el precio.
A poco, mi amada, hecha llanto de luna, me dijo:
―Estoy cansada de vestir estos andrajos de muñequita, si pudieras traerme sedas, hilos y una aguja, acordes a mi tamaño, sabrías de mi verdadera elegancia.
Esta vez regresé de mi peregrinaje sin una mano. Después de que ella bailara con sus pies descalzos sobre la palma de mi única mano, no me importó.
Al día siguiente quiso que le preparara el camello, para ir a coser junto al monte de libros que crecía en mi escritorio. Luego me pidió que le trajera agua fresca. Cuando tornaba, dejé caer el dedal de agua al divisar como las ancas del camello se perdían a través del ojo de la aguja.
Comprendí la trama del engaño y lloré. Lo que no sabía entonces, era que el camello, para disgusto del milenario dueño del bazar y para mi placer, había cruzado solo.
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