domingo, 15 de septiembre de 2013

Los afanes de un padre



QUISO DIOS que el mismo día que me ordené sacerdote, un 25 de octubre de hace casi cincuenta años, comenzara también mi afición secreta. Recuerdo a aquel pequeño gorrión desamparado que encontré en la calle y cómo, por misericordia, le torcí el cuello. Incapaz de abandonar su cuerpo para festín de algún gato sarnoso, lo envolví en un pañuelo con la intención de darle cristiana sepultura. Pero impensadamente le extendí las alas y supe, como si fuera una revelación, que debía coleccionarlas. Desde entonces, cada 25 de octubre, sumo un nuevo par de alas a mi repertorio: de un canario, de un zorzal, de un periquito... Párrafo aparte merecerían las peripecias que padecí al desviar, en sendas oportunidades, los fondos de la colecta anual para engalanar mi colección con las alas de un quetzal y un águila calva. O cuando robé del museo de La Plata los restos fósiles de un arqueópterix. Sin embargo, próximo a cumplir mis bodas de oro como coleccionista y sacerdote, prefiero referirme al deseo de coronar mi afición de manera única. Mi amiga y confidente, Sor Lourdes, ha accedido a brindarme su ayuda: desde hace años, los 25 de cada mes, la visita clandestinamente un ángel.
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5 comentarios:

Francisco Espada dijo...

Sin dudas ha de tratarse de un sacerdote satánico, pues sus usos distan mucho de las doctrinas de fe y del sentido común.
Un abrazo.

Miguelángel Pegarz dijo...

Las obsesiones alcanzan a todos los mortales. Un relato muy original e inquietante.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias Francisco y Miguelángel por vuestros comentarios.

Saludos cordiales

Luisa Hurtado González dijo...

Me gusta y me gusta mucho.
Los sacerdotes guardan muchos secretos, aunque se confiesen, y el de este, original y creciendo en complejidad pone un pellizco en el estómago.
Por un momento pensé que la víctima sería ella, sólo un momento; había algo que no cuadraba, ella no tenía alas. De modo que el final, perfecto, encajando como un guante, me ha sorprendido y me ha encantado.

Pobre ángel, iba a decir.
Buena caza

Gabriel Bevilaqua dijo...

¡Gracias, Luisa! A mí me gusta que te guste :) Y sí, el ángel de pobre, nada…

Saludos cordiales

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