domingo, 1 de septiembre de 2013

El arte de pender



EL SUICIDA vio en el segundo capítulo de un documental que, aquellos que eligen ahorcarse, terminan en ocasiones en vez de muertos, con las piernas rotas por atar la cuerda a un sostén inadecuado. Decidido a eludir tal circunstancia, recorrió la casa y, tras desechar el ventilador de techo, la claraboya del baño y el tablero de básquet en el patio —firme pero demasiado expuesto a las miradas de los vecinos—, halló en la buhardilla una viga capaz de resistir los músculos de un titán.
Como era de esperarse, el suicida abandonó este mundo con las piernas sanas, pero se hubiese ahorrado los cuatro días, nueve horas y veintiocho minutos que le demandó el proceso de no haberse perdido el primer capítulo del mencionado documental, aquel que discurría sobre la importancia de un buen nudo de horca.
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7 comentarios:

Francisco Espada dijo...

A la buena redacción le añades las gotas de angostura de la sorpresa y todo es lucidamente bello.
Un abrazo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

¡Muy bueno, Gabriel! Me gusta la sutileza de la ironía para salpimentar el humor negro.

Un abrazo,

Miguelángel Pegarz dijo...

Genial humor negro. Con lo que me gusta.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Francisco, Pedro y Miguelángel, gracias.

Saludos cordiales

Leonardo Dolengiewich dijo...

Me encantó, Gabriel!
Muy bien tramada y calculada la redacción.
Va un abrazo.

Purificacion Menaya dijo...

Si es que hasta para suicidarse hay que estudiar. Muy bien contado, como siempre nos tienes acostumbrados
abrazos

Gabriel Bevilaqua dijo...

Leonardo y Puri, gracias.

Saludos cordiales

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