domingo, 1 de mayo de 2011

Dos cuentos, dos recomendaciones

Madalina Iordache-Levay, Sunset Over The Ocean



Hay cuentos que, pese a sus diferencias de estilo o de género, pueden dialogar entre sí. Tal es el caso del cuento autobiográfico Sin orejas, de la joven ―y talentosa y bella― escritora Almalaire de la cual, dicho sea de paso, ignoro su verdadero nombre:

«Son las diez y media de la noche, tengo siete años, dos coletas, un pijama de cuadritos rosas y blancos y me lavo los dientes voluntariosa y metódicamente delante del espejo intentando imaginar el aspecto que tendrá mi cara sin orejas. No es un complejo, todavía no. Es una despedida. Estoy absolutamente segura de que me voy a quedar sin ellas. Me fijo en los pequeños y preciosos pendientes, una delicada filigrana de oro brillante rodeando una perla auténtica y diminuta. Fueron el primer regalo de mi padre. Los llevo puestos desde mi segundo día de vida. También me despido de ellos mientras siento crecer la angustia en el pecho como un agujero que se agranda».



Y del cuento fantástico Otoño en Constantinopla, de Norberto L. Romero:

«Se levantó de la cama y como todos los días se metió bajo la ducha caliente. El agua, como siempre, se le coló en los oídos, y fue al querer destapárselos cuando lo notó. Primero creyó que aún estaba dormido y soñando, luego que se trataba de un error; de una falsa información que llegaba a su cerebro todavía perezoso por el madrugón. Volvió a comprobarlo y un sudor helado se mezcló con el agua caliente».


Espero que se hagan de un tiempo para regalarse ambas lecturas, les aseguro que no se arrepentirán.

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4 comentarios:

Alma dijo...

Me llamo Rosa...y ojalá supiera darte las gracias por un detalle tan bonito...Un abrazo enorme, Gabriel


(Me gusta la foto, creo que voy a recuperar el avatar viejo :) )

Gabriel Bevilaqua dijo...

Alma, como te dije en su momento, tus cuentos siempre me gustan pero éste es sensacional; y como también te expresé, lo relacioné por temática con el de Romero. Ambos son dos cuentos maravillosos que quería ―y se merecen― que los conozcan más lectores. ¡Qué bueno que ahora sé tu nombre! :)

Y a mí también me encanta la foto ;)

Abrazos.

Norberto dijo...

Hola, Gabriel. Hoy descubro que has publicado un cuentito mío en tu blog, hace casi un año. Por desgracia, el link está roto porque la revista a la que conduces fue reformateada, pero si te interesa seguír manteniénolo te lo envío. Te agradezco mucho el detalle de tenerme en cuenta, y de paso, me doy un garbeo por tublog.
Un abrazo
Norberto

Gabriel Bevilaqua dijo...

Hola, Norberto. Un placer que pases por aquí. Por supuesto que me interesa mantener el link hacia el cuento completo, así que si puedes pasarme la nueva dirección, desde ya muy agradecido.

Saludos cordiales

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