lunes, 29 de julio de 2013

Siempre en domingo



TODOS LOS DOMINGOS, de madrugada cuando me creen dormida, mis vestidos se escabullen del armario para no regresar hasta el amanecer. Como soy algo escrupulosa, y no me agrada usar ropa de incierta procedencia, una noche me decidí —en pantuflas y camisón— a seguir su vuelo. Guardando una distancia prudente, subí los diez pisos que separan mi departamento de la terraza y descubrí que intimaban con unos trajes de muy buen corte. Apenas repuesta de mi asombro noté la presencia de un caballero ––en chinelas y pijama–– a pocos pasos de mí; instintivamente susurramos al unísono: «¿Ese guardarropa es suyo?». Asentimos y, sin mediar palabra, nos marchamos al amparo de las sombras.
Pocas semanas después me mudé a su casa y terminaron las fugas de nuestro vestuario. Pero nada es perfecto: los domingos amanecemos en el living, ¡imposible dormir con la algarabía que, de madrugada, se escapa del armario!
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6 comentarios:

Gabriel Bevilaqua dijo...

«Siempre en domingo» es un juego intertextual con el título de aquella laureada película de Melina Mercouri «Nunca en domingo». Si la han visto, sabrán que el juego no es gratuito, aunque la película no vaya de fantasía…

Miguelángel Pegarz dijo...

Muy sugerente, me gustó mucho.

Francisco Espada dijo...

El amor no es cosa fácil, pero cuando los vestidos dan el primer paso, la epidermis encuentra el camino allanado. ¡Eres genial!
Un abrazo.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Miguelángel y Francisco, gracias.

Saludos cordiales

Patricia Nasello dijo...

Delicioso!

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Patricia.

Saludos cordiales

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