viernes, 27 de abril de 2012

Decálogo del buen microficcionista, de Raúl Brasca



1) No te ajustes a definición alguna, la microficción no ha sido aun domesticada, pero lee mucho y bueno para vislumbrar de qué se trata.
2) Dispones sólo de dos materiales: las palabras y el silencio, y debes lograr que ambos sean igualmente significativos.
3) Esfuérzate por escribir con la menor cantidad de palabras y la mayor cantidad de silencio, pero asegúrate de que tu microficción contiene las claves imprescindibles para ser comprendida. Si has logrado eso, detente: considera al lector tan inteligente como tú.
4) Cuida la calidad de tus palabras, la arquitectura y la música de tu microficción. Mucho más que la novela y el cuento, y casi tanto como el poema, la microficción alcanza su potencia por medio de la forma.
5) Cuida la calidad de tu silencio, si es elemental y falto de sustancia, tu microficción será una pieza menor que decepcionará a los buenos lectores.
6) Si has cumplido con los puntos anteriores, despreocúpate del final pero preocúpate por la última línea. El final es el sentido y lo produce el lector, pero tú última línea debe habilitarlo para que lo haga.
7) Si tu microficción contiene una historia, cuídate del resumen. Ninguna buena microficción es el esquema de una historia, ni siquiera lo esencial de ella. Un detalle objetivamente trivial pero cargado de significado por el autor, dice más y mejor que la prolija enumeración de los hechos.
8) Si tu microficción es humorística, cuídate de la simpleza del chiste. El silencio del chiste es elemental: se agota en permitir el equívoco y tiene como única finalidad esconder un sentido de efecto risible. El silencio de la microficción humorística no tiene por qué ser menos sustancioso y complejo que el de las que no lo son.
9) Confía en tu impulso creador. Todas las microficciones hijas de un mismo impulso creador, por heterogéneas que parezcan, pertenecerán a una misma familia. No dejes que te las impugnen, porque en la variedad está su riqueza.
10) Desconfía de los sabihondos que escriben decálogos. En general, los decálogos sirven solamente para publicitar la poética de quienes los escribieron.
Raúl Brasca
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11 comentarios:

Sara Lew dijo...

Es uno de los decálogos más interesantes sobre el género que he leído. Gracias por compartirlo.
Un abrazo.

Víctor dijo...

Más que interesante. Me gusta esa teoría de los silencios y el hecho de considerar inteligente al lector, entre otras cosas. Me lo llevo y lo paseo por ahí. Un abrazo, Gabriel.

Mar Horno dijo...

Es la primera vez que en un decálogo veo el silencio como principal protagonissta en varios puntos. Y también me gusta la referencia al ritmo, porque el microrrelato y la poesía son primos hermanos.Me ha gustado mucho.
Quiero felicitarte también por ese maravilloso micro finalista en La Microbiblioteca "El vaso de leche". De los mejores que te he leído o por lo menos de los más recordable junto al del desiérto que se escapaba del cuadro por un agujero y de las ventanas. Mis favoritos.
Enhorabuena. Un abrazo.

Sergio Cossa dijo...

Muy completo y orientador. Lo comparto.
Y hago silencio :)

Lidia Esteban Zamorano dijo...

Me gustó mucho el decálogo, Gabriel, y coincido con Mar Hornos, es la primera vez que veo esa referencia al silencio como elemento fundamental de una microficción. Me reconforta, la verdad, porque a veces me ocurre que reniego de ellos en los textos, intento sacarlos y centrarme en la historia, quizás llevada por esa máxima ficticiana “Aquí no entréis poetas, viejos monicacos, miserables fatuos” (jeje, estoy exagerando un poco) y por mis propios gustos literarios más cercanos a la poesía que a la narrativa. Gracias por acercárnoslo. Beso grande.

Yunuén Rodríguez dijo...

No logro resistirme a los decálogos que publicas, aunque todos terminan con el mismo consejo. ¡Un abrazo!

Laura dijo...

Gracias por acercarnos este decálogo tan interesante. Habia leído varios pero desde hoy mismo : me quedo con este, sobre todo por la teoría de los silencios que me ha encantado.

Un abrazo Gabriel

Gabriel Bevilaqua dijo...

Sara, coincido. Hay varios decálogos sobre el género pero este se destaca especialmente.

Llévalo, Víctor, con toda confianza que para eso está. A mí, entre otras cosas, me gusta eso de que la minificción aun no ha sido domesticada. Esperemos que siga así.

Sí, lo de los silencios, Mar, es algo que destaca. Lo no dicho, lo sugerido, lo que debe desentramar el lector...; el silencio es difícil de lograr pero pega cuando se lo consigue.
Por otra parte me alegra que te haya gustado “El vaso de leche” y que recuerdes otros micros míos, es un halago. Muchas gracias.

Jeje, yo también calló, Sergio :)

Lidia, qué bueno verte por aquí. Confieso que no recuerdo si es la primera vez que dejas huella, pero en todo caso te doy la Bienvenida al Elefante ;)
Siempre se ha dicho que el microrrelato está muy próximo a la poesía, ya por su manejo ajustado y preciso de la palabra, ya por las elipsis, ya por el grado de simbolismo que suele (no siempre) alcanzar. Lo bueno es que hay muchas ramas en el árbol del género y cada una da flores distintas. Un autor de micros muy poéticos (pero sin renunciar a lo narrativo) es Eugenio Mandrini:

Raíces

Con el último golpe del hacha, el árbol cae pesadamente al suelo. Sin embargo, los pájaros permanecen inmóviles donde antes estuvieron las ramas. Acaso porque sólo son la sombra de aquellos pájaros. Acaso porque la distancia, con su hipnotismo, suele paralizar a los pájaros. O acaso porque la memoria del árbol muere después.


Jaja, sí Yunuén, parece la norma aclarar la presunta inutilidad de los mismos al final.

Laura, sobre el género, y sin descartar a los otros que de cada uno algo se aprende o puede servirnos, yo también me quedo con este :)


Saludos funambulescos

Lidia Esteban Zamorano dijo...

Soy tímida, pero me voy soltando ¡Qué hermoso, Gabriel! No lo conocía. Estuve leyendo algunos textos suyos en la red y me encantó. Me recuerda, en ocasiones, a uno de los grandes, Pérez Estrada. Gracias, de veras. Un regalo para ti en forma de sobrecogedora historia, silencios y poesía. Grande, la Szymborska:

VIETNAM

Mujer, ¿cómo te llamas? —No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? —No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? —No sé.
¿Desde cuándo te escondes? —No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo cordial? —No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? —No sé.
¿A favor de quién estás? —No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. —No sé.
¿Existe todavía tu aldea? —No sé.
¿Éstos son tus hijos? —Sí

Francisco Espada dijo...

¡Genial, Raul! Sabes que un decálogo sólo sirve para dejar asomar la inteligencia que su redactor y tú lo has conseguido. Otra cosa será de aquellos que sigan o no tu dictado.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Muchas gracias, Lidia. Buena poeta la polaca. Algunos poemas suyos podrían pasar por auténticos microrrelatos; me viene a la memoria uno (del que no recuerdo su nombre) en el que refería sobre la ropa del padre...

Coincido, Francisco. Aquí Brasca lo ha conseguido largamente.


Saludos cordiales

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