lunes, 14 de marzo de 2011

La sombra del alquimista

Stradanus, El laboratorio del alquimista, 1571



EFRAÍM ERASMUS, alquimista de pueblo, podía darle vida a su sombra. Al conocer esto el rey, de inmediato lo llamó a formar parte de su corte, lo que le granjeó a Efraím un peligroso enemigo: el alquimista real. Una noche, tras hurtarle la fórmula de la sombra, el alquimista real le ordenó a la suya que estrangulara a la princesa. Y al descubrirse el crimen, señaló: «Sólo una sombra podría pasar entre decenas de guardias y una puerta con cerrojo». Sereno, Efraím tomó la palabra: «Su majestad, no puedo devolveros a vuestra hija, pero sí, hablar con ella. Si perseguís la verdad, dejadme intentarlo».


Entonces, tras un ensalmo de Efraím, se oyó la melodiosa voz de la princesa: «Mi matador, ciertamente, ha sido una sombra; mas no la de Erasmus…»


Años después, Efraím dejó escritas unas célebres memorias donde destaca el capítulo «De mi don de ventrílocuo».


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Arte: Stradanus, El laboratorio del alquimista, 1571 (fragmento)

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13 comentarios:

Mónica Ortelli dijo...

Excelente, Gabriel, cuando se tiene un final como éste, todo va de maravillas. No la había leído en la página. Me encantan las historias que se proyectan en el tiempo: muy buen recurso.
Un abrazo.

almalaire dijo...

Nunca se debe subestimar a un dador de vida de las sombras...está claro que esconderán otros talentos.

Tú eres uno de ellos :)

Esteban Dublín dijo...

Con el paso de los días afinas tu pluma y nos regalas microrrelatos cargados de ingenio, creatividad y, como este, finales extraordinarios.

Un abrazo grande, Gabriel.

Palabras como nubes dijo...

Bien, Gabriel, buen final, excelente el ritmo. Me recordó a un cuento que narrara Laiseca, pero no sé si era de él...

Saludos
Jeve y Ruma.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Muchas gracias, Mónica.

Jejeje, bueno, bueno, Almalaire, muchas gracias :)

Muchas gracias, Esteban. Me alegra que te haya gustado. No siempre es posible alcanzar cotas interesantes, pero siempre se intenta.

Jeve y Ruma, la mayoría de los cuentos que narraba Laiseca en Cuentos de terror (si es que te referís a su ciclo) no eran de él. De él, ahora recuerdo uno excelente “La cabeza de mi padre”. Tal vez, pienso, por el ambiente te haya traído a la memoria a El brujo postergado del Infante Don Juan Manuel.
Por cierto, muchas gracias.


Saludos funambulescos.

Claudia Sánchez dijo...

¡Jajaja! ¡Buenísimo! Pensé que iba a decir "de cómo desenmascaré al alquimista real". Sigo votando por los finales sorpresivos.
Saludos Gabriel!

Gabriel Bevilaqua dijo...

Muchas gracias, Claudia.

Saludos.

Marce dijo...

Un bonito regalo Gabriel, me encanta. gracias y un saludo.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Marce, muchas gracias a ti.

Saludos.

Jess Vilardi dijo...

Ha sido uno los mejores microrrelatos que he leído en tu blog. Por cualquier lado que le vea me parece bueno, acorde, coherente, ingenioso.

Sigue siendo un placer leerte,


Jess Vilardi

Gabriel Bevilaqua dijo...

Muchas gracias, Jess, por tan elogioso e inmerecido comentario; para mí el placer es que pases por aquí.

Saludos.

Ángeles dijo...

¡Fantástico! En todos los sentidos.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Ángeles. Un placer que los lectores también le dediquen unos momentos a textos "antiguos".

Saludos cordiales

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