viernes, 8 de noviembre de 2013

La caída (II)



AQUEL HOMBRE siempre dejaba las cosas a medio hacer, a tal grado que a nadie le extrañó que, al arrojarse de un vigésimo piso, se sirviera de la ventana abierta del tercero para abandonar la caída. No obstante, he de decir en su defensa, y como testigo imparcial que, en dicha ocasión, de verdad, le puso ganas al asunto: de otra manera no se explica que dejara pasar las del noveno, el séptimo y el quinto.
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8 comentarios:

Aniagua dijo...

Quizás lo pensó más tarde...
Saludos
Muy bueno, escritor

Francisco Espada dijo...

Siempre sorpresivo, siempre una sutil invitación a la próxima lectura.
Un abrazo.

Miguelángel Pegarz dijo...

Me gusta el humor ácido que le capto.

Yolanda Nava dijo...

Sí, el humor ácido de este breve invita a sonreír, eso sí, con la boca torcida.

Un saludo.

Rubén Pesquera Roa dijo...

Es de sabios cambiar de opinión.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Ah, qué inmerecido pero qué grato leer lo de “escritor”. Gracias, Aniagua; y bienvenida al Elefante.

Francisco, Miguelángel y Yolanda, gracias.

Sin dudas, Rubén. Por cierto, bienvenido al Elefante.


Saludos cordiales

Anita Dinamita dijo...

Me gusta mucho este relato, el personaje, la idea. Creo que alguna vez yo también le he puesto empeño, y me ha pasado lo mismo.
Un abrazo

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Anita.

Abrazos

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