domingo, 21 de abril de 2013

La cocina de Octavio Paz



Nunca he podido mantener un horario fijo. Durante años, escribí en mis horas libres. [...] Un novelista necesita su máquina de escribir, pero se puede escribir poesía en cualquier momento, en cualquier parte. A veces compongo mentalmente un poema en el ómnibus o caminando por la calle. El ritmo de la caminata me ayuda a acomodar los versos. Después, cuando llego a casa, lo escribo. Durante mucho tiempo, cuando era joven, escribí de noche. Es más silencioso, más tranquilo. Pero escribir de noche también magnifica la soledad del escritor. Ahora escribo durante la última parte de la mañana y a la tarde. Es un placer terminar una página cuando cae la noche. [...] La prosa es otra historia. Hay que escribirla en un sitio tranquilo, aunque sea en el baño. Pero por encima de todo, es esencial tener uno o dos diccionarios a mano. El teléfono es el demonio del escritor. Y el diccionario es su ángel guardián. Yo solía mecanografiar, pero ahora escribo todo manuscrito, dos o tres veces, y después lo dicto a un grabador. Mi secretaria lo mecanografía y yo lo corrijo. En el caso de la poesía, escribo y reescribo constantemente.
Octavio Paz
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3 comentarios:

Francisco Espada dijo...

¡Genial el maestro! Ahora los tiempos son distintos: se puede silenciar el teléfono aun dejándolo operativo, se puede escribir en el ordenador (yo así lo hago) y borrador y original salen a un tiempo, se puede tener el (los) diccionarios en una ventana adjunta (así lo tengo yo el DRAE); pero nadie te enseña a ensartar las palabras para que el dictado de tu mente tenga un sentido y diga algo novedoso.

Saludos, Gabriel.

Miguel jiménez salvador dijo...

Muy interesante, e instructivo, Gabriel.
Muchas gracias por compartirlo.
Un saludo.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Es cierto todo lo que dices, Francisco; y las ventajas de escribir en la compu, sobre todo a la hora de corregir o trabajar con varios borradores a la vez, son múltiples y nos facilitan en mucho la tarea, no obstante creo que en el futuro se echará de menos —o al menos lo resentirán los historiadores literarios— el poder analizar los manuscritos de los grandes escritores.

Miguel, gracias y bienvenido al Elefante.


Saludos cordiales

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