miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los coleccionistas de vidrio, de Aurora Ruá



Los coleccionistas de vidrio
Autora: Aurora Ruá
Ilustraciones: Paula Alenda
Páginas: 94
Editorial: Tándem Edicions
Año: marzo 2011
Colección: La bicicleta amarilla

Me ha gustado —y mucho— leer Los coleccionistas de vidrio. Como se lo expresé a la autora, se lo hace con el mismo placer que se bebe un vaso de agua fresca. La prosa fluye limpia, amena, sin quiebres... Una delicia.

El libro se divide en cuatro capítulos, en el primero, La casa azul, Aurora nos presenta a los protagonistas: Andrés, un niño que perdió a su madre al nacer y, pocos años después, a su padre y su tío en un naufragio; quedando así a cargo de su abuelo. Éste es un viejo marinero que desde la muerte de sus dos hijos no ha vuelto a aventurarse al mar. Ambos viven en la casa azul que refiere el título del capítulo. El tercer protagonista es Joaquín, quien no lo pasa nada bien dado que su padre es un borrachín. 

Cierto día, la maestra pregunta sobre el significado de la palabra coleccionismo, y, luego, sobre qué colecciona cada uno. Al llegarle el turno a Joaquín, y decir éste que nada, recibe una burla (podría coleccionar chapas y posavasos de los bares) que lo hace salir corriendo, previo ajuste con el bocazas, de la clase. Anoticiado el abuelo de lo sucedido, urde un plan. Pero mejor que se los cuente la autora:  

[...] —Podéis explorar tras la tormenta —sugirió el abuelo—. Es el mejor momento, las olas arrojan tesoros ocultos a la orilla, como éste.
Entonces sacó de su bolsillo un objeto y lo colocó sobre la mesa. Era una piedra redondeada de color rojo.
—¿Qué es? —preguntaron al unísono.
—Vidrio de mar.
Los niños se miraron con extrañeza y acariciaron la superficie pulida de la piedra.
—¿De dónde la has sacado? Es precioso...
—Lo encontré tras una tormenta, entre las piedras de la orilla. Son difíciles de encontrar, no creáis... Alguna vez me he planteado ir a buscar más, coleccionarlas, pero ya estoy mayor para andar yo solo por las rocas... Además, tampoco tengo la vista que tenía... Podríais acompañarme algún día a buscar más.
—¿Hay vidrio bajo el mar?
—Claro, vidrio arrojado por los hombres a lo largo de miles de años. Cada uno de estos vidrios tiene una historia sorprendente. Fíjate bien, parece una simple piedra, pero... piensa por un momento qué objeto fue antes de convertirse en este fragmento. ¿Qué manos lo lanzaron al mar? ¿Cuánto tiempo ha viajado y qué distancia ha recorrido? Cada uno de ellos guarda una historia extraordinaria. Éste, sin ir más lejos, es parte de la copa del pirata Barbanegra... ¡No me digáis que no conocéis la historia!
Los dos niños negaron boquiabiertos. [...] 

Entonces el abuelo les cuenta la singular historia de La copa del pirata, tras lo cual, y ante la curiosidad de los chicos por conocer cómo se enteró de lo referido, el anciano les dice que es como si (las piedras me) susurraran las palabras al oído, sólo hay que saber escuchar. Luego, como no podía ser de otra manera, el abuelo le regala la piedra roja a Joaquín para que comience su colección. 

El abuelo, por supuesto, es un cuentacuentos, y en cada capítulo les regalará a los niños y a nosotros la historia de las piedras que los niños vayan hallando. Por lo tanto,  tenemos dos lecturas simultáneas: la de las vicisitudes de los pequeños y la de los cuentos. La técnica de intercalar historias dentro de una narración mayor tiene una larga y fructífera tradición literaria que nos remonta a Scheherezada, El Decamerón, Corazón de Edmundo de Amicis, etc. (con las singularidades de cada caso). Pero como toda técnica a la que se utiliza sabiamente, funciona para el lector como si fuera la primera vez.

Los capítulos siguientes (sobre los cuales no voy a explayarme, espero que con el primero haya sido suficiente para despertar vuestro apetito lector) son: La Cala del Viento, Teresa y Los coleccionistas de vidrio. Con sus respectivos cuentos: El farol de loto, La botella del náufrago y El escarabajo del faraón.

Sobre los cuentos acotar que son un prodigio de imaginación. Me han gustado todos, pero mis preferidos son La copa del pirata y El farol de Loto. De este último les dejo el comienzo:

Loto era la hija más joven del emperador, la más bella, la más alegre y afectuosa. Era el tesoro más preciado del monarca, y crecía entre mimos y constantes cuidados en lo más recóndito del harén del palacio, ajena al mundo real que respiraba  al otro lado de las murallas. [...]

Entre las muchas páginas destacables del relato no puedo dejar de citar el encuentro en el capítulo 2 de los amigos con la que será la cuarta protagonista, Teresa.

[...] La inspeccionaron de arriba abajo, era un lugar mágico en el que el rumor del mar se oía amortiguado, como cuando pones una caracola junto al oído.
—¿Crees que alguna vez vuelven por aquí las sirenas? —preguntó Joaquín.
—No sé, aunque el abuelo dice que todavía existen, yo no lo tengo muy claro.
Salieron por la abertura del otro lado, que daba a otra bahía más amplia; entonces la vieron. Apenas podían creerlo, sobre una roca, sentada tomando el sol con los ojos cerrados, descansaba una sirena de largos cabellos dorados. Se quedaron inmóviles como estatuas, con las bocas abiertas por la sorpresa, hasta que, de pronto, ella percibió su presencia y se incorporó.
—Hola —les dijo—. ¿Qué estáis mirando?
No era una sirena, era tan solo una niña a la que no conocían. [...]


El libro, además, viene bellamente ilustrado por Paula Alenda. Un total de nueve acuarelas recrean pasajes de la historia de Andrés y Joaquín o de los cuentos. Las mismas son sobrias y delicadas.

En cuanto al libro como objeto en sí, se ve que estamos ante una editorial responsable. La edición está muy cuidada, el papel es de buena calidad y el tamaño y tipo de la letra altamente legible.

En suma, un libro que desde aquí recomiendo para los peques (de 8 años en adelante se específica en la contratapa) y para los no tan peques que gustan del dejarse llevar por la buena lectura sin importar edades.

Mis más sinceras felicitaciones, Aurora.
.

7 comentarios:

Mar Horno dijo...

Hoy, porque es festivo, pero mañana me falta tiempo para buscar y comprar el libro. Las ilustraciones maravillosas. Soy una enamorada de los libros, y si son ediciones cuidadas las huelo, las acaricio, las repaso, las amo. Un beso Gabriel.

Laura dijo...

Gracias Gabriel. Ya sabía de la existencia de este libro (porque indagué en el blog de Aurora cuando le tocó escribir para Cienmanos) y me alegro de haber leído tu entrada, porque ...lo tengo encargado en una "gran" librería desde hace un mes, más o menos, y aún no he recibido llamada.

El lunes mismo me paso otra vez, a ver qué pasa.

Gracias, gracias por recordármelo.
Un placer leer la reseña que realizas del mismo y seguro que a los de ocho año les encanta, pero me temo que a algunos/as otras también ...

Un abrazo.

Aurora dijo...

Muchísimas gracias por tus palabras y por esta reseña impresionante!!
(Has creado unas expectativas altísimas, no se si estaré a la altura, jajaja....)
Bueno, si alguien lo lee, espero que lo disfrute al menos, la mitad de lo que yo disfruté escribiéndolo. Lo hice con mucho cariño, para mi abuelo, que además de marino, era un fantástico cuentacuentos de andar por casa.

Un fuerte abrazo,

Sara Lew dijo...

Gracias por la reseña, Gabriel. No sabía de este libro de Aurora y me has despertado las ganas de hojearlo, de leerlo y de guardarlo para cuando mi peque sea un poquito más mayor :-)
Abrazos.

Rubén dijo...

Es un libro especial, de esos que se te guardan dentro. Además es perfecto para leerlo en voz alta... un regalo.

Elysa dijo...

Lo voy a tener en cuenta, ya me llamó la atención en su blog, pero después de tu reseña me lo anoto.

Besitos

Gabriel Bevilaqua dijo...

Permíteme aventurar que te va a gustar, Mar. Es un libro pequeño pero grande.

Sí, Laura, como a los buenos libros infantiles a Los coleccionistas lo pueden leer los adultos también sin problema y, seguramente, disfrutarlo aún más.

Muchas gracias a ti, Aurora. No te preocupes por las expectativas: tu libro es realmente bueno y debes de sentirte orgullosa de él. Has sido muy afortunada de tener un abuelo cuentacuentos. Abrazos.

Me alegra que así haya sido, Sara.

Lo mismo pienso, Rubén.

Sí, Elysa, anótalo, sé que te va a gustar.


Abrazos funambulescos

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