jueves, 12 de abril de 2018

«Cuentos decimonónicos de fantasmas»



CUANDO entró a la biblioteca, el hombre descubrió que una mano flotaba en el aire con un libro abierto. Iba de una esquina a otra de la habitación, y aproximadamente cada dos rondas, una página se daba vuelta sola. El hombre tosió, y la mano dejó caer el libro, se elevó aún más en el aire y se dirigió hacia una pared, donde se estampó ruidosamente. Acto seguido, se deslizó hacia la puerta y salió del cuarto. El hombre, entretanto, recogió el libro y se prestó a sus palabras. Poco después, la mano volvió, pero ya no era una, sino dos. Él disimuló no verlas y continuó con la lectura. Ellas se limitaron a quedarse quietas, como mariposas dormidas en el aire. Al cabo del primer cuento, el hombre se incorporó y sirvió dos copas de coñac. Bebió de una y le ofreció la otra a aquellas manos finas, que delicadamente se frotaron entre sí, antes de agarrar la copa. Entonces una mujer traslúcida se dejó ver.
—Tengo miedo —dijo.
—¡Ahora, yo también! —exclamó el hombre, tras notar que una de sus manos comenzaba a desvanecerse.
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5 comentarios:

Sara dijo...

Y yo me estoy desvaneciendo como una "mariposa dormida en el aire", porque este relato no infunde terror, sino embeleso, embeleso ante tanta belleza junta, en el fondo y en la forma. Me has dejado con ganas de más, hubiera querido saber qué les pasa a los dos personajes. Me ha subyugado. Gracias.

Ángeles dijo...

Me encantan los cuentos decimonónicos de fantasmas, y me encanta tu cuento decimonónico de fantasmas.

Te dejo esto por si te apeteciera leerlo. Ya te imaginas lo que pasa, ¿verdad? :D

José A. García dijo...

El miedo compartido es mejor que el miedo en solitario. Al menos eso dicen, siempre he estado solo.

Saludos,

J.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Bueno, Sara, gracias, sos muy amable. Así da gusto escribir :)

Angeles, es que ningún siglo tiene una palabra tan bella y evocativa como el XIX: decimonónico, suena a aventura. (Algo imagino, sí.)

Me ha provocado una sonrisa tu comentario, José; pero ¿será así?


Saludos góticos para todos

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Me encanta el final, una mezcla de humor e ironía. En Galicia lo llamarían "retranca".

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