sábado, 24 de febrero de 2018

El lector y su oyente



I
Cuando aquella noche el anciano se desmayó en la calle, lo reanimaron unos impetuosos lengüetazos. Eran de una perra menuda, de color ocre y mirada triste. Él la acarició y ella lo siguió hasta su casa. No tuvo más remedio que dejarla entrar. «Sabés —le dijo—, a los ochenta y siete pirulos, sos mi primera mascota». Y enseguida recalentó unos fideos que le habían quedado de la cena. «Espero que te gusten», sonrió, y a la perra le gustaron, casi tanto como su casita improvisada con una caja de cartón y una frazada en desuso.
II
Cuando el clima y el reuma se lo permitían, el anciano iba al parque a leer bajo la sombra pródiga de algún árbol. Entonces había que ver cómo la perra prestaba atención a las palabras que salían de sus labios, y cómo, en aquellos párrafos poblados de zozobra, a ella se le crispaba el lomo. Hombre y animal formaban así una especie de simbiosis que hacía imposible determinar quién había adoptado a quién.
III
Una noche, el viejo apartó la vista de su lectura y descubrió que su fiel oyente tenía la mirada más triste que nunca. Con la rapidez de un rayo se acuclilló a su lado, pero no halló respuesta a sus caricias. Lloró largamente, y al incorporarse se observó a sí mismo sentado en el sofá y con el libro abandonado sobre las rodillas. De pronto algo tocó su mano. Era la perra que le traía la correa para guiarlo al parque más hermoso que jamás hubiera conocido.
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8 comentarios:

Ángeles dijo...

Ay, qué historia más tierna, me ha conmovido.
También me gusta mucho el lenguaje, tan ligero y gracioso. Creo que eso contribuye también a la ternura que desprende el relato.

Me tomo la libertad de dejarte esto, por si te apetece verlo. Espero que te guste.

Un saludo.

José A. García dijo...

Brutalmente emotivo.

Muy bueno.

Saludos,

J.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Ángeles. Me alegra que te guste el uso del lenguaje, es algo que siempre, dentro del límite de mis posibilidades, trato de cuidar.

Gracias, José.


Saludos funambulescos para ambos.

Sara dijo...

Es preciosooooo lo que has escrito. ¡Cuánta belleza encierran las lágrimas!

Te felicito.

Besos.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Sara; me alegra que te haya gustado.

Saludos cordiales

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Tan triste como hermoso.

Hola, me llamo Julio David dijo...

Por historias como estas, y después de tanto tiempo de haberte conocido, es que este sigue siendo uno de mis blogs favoritos, Gabriel.

Gabriel Bevilaqua dijo...

La tristeza suele ser bella, Miguel Ángel. Gracias.

Gracias, Julio David. Sin lectores no hay escritura que valga, por eso estimo mucho tu comentario. ¡Ojalá "vengan" historias cada vez mejores!

Saludos funambulesco

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