lunes, 8 de junio de 2009

Volviendo al pago

Damas y caballeros, después de una de las habituales turbulencias de este viaje que llamamos vida, nada mejor para retomar esta bitácora que una pequeñita buena noticia: Hace unos días la Editorial Dunken me ha hecho llegar el libro “Manos que cuentan”, una antología de relatos que reúne, si mal no he sumado, a 103 autores, siendo un servidor —por piedad o error del seleccionador— uno de los susodichos.

¡Albricias!, por el texto, al cual —admito— no le tenía fe, y que, sin embargo, se constituye así en mi primera ficción “en papel”.

La selección la ha realizado el escritor César Melis, quien, en un fragmento de su prólogo, nos dice: “Si hay un rastro común en los autores de esta antología es la diversidad de manos puestas a la obra, manos capaces de atestiguar el color de sus almas con sorpresa, ternura, sensualidad, intriga, juego, descaro, sabiduría, humor, amor, según el caso.” Leído todos los textos, puedo suscribir sus palabras y afirmar, más allá de gustos personales, que la calidad media resulta más que interesante.

Sin más, hete aquí el microrrelato en cuestión:

El serenatero

El serenatero gustaba de enseñar equilibrios a las cabras. A tal efecto había trazado una línea con una tiza desde la fuente central de la plaza hasta un vigoroso fresno. Y le había dado un paragüitas a cada una de las cabras para que se animaran por la cuerda floja. Así pasaron Pepita, Azucena y Anabel; pero al intentarlo Juanita, a medio trayecto, pisó un punto donde la raya casi se había borrado y la cuerda se rompió; precipitándose, la pobrecita, al vacío. Cuando el serenatero la avistó fatalmente despatarrada supo que no le iban a creer pese a que hacía años que no se acercaba a una botella.


6 comentarios:

Jesus Olague dijo...

Felicidades Gabriel, ojalá este sea el inicio de una larga lista de trabajos en papel.

Espero que tanta fama no afecte a tus participaciones en El descensor.

Jejeje, un abrazo.

aus dijo...

Felicidades Gabriel, da gusto que regreses con estas noticias. Yo sé que cuando uno es el que tiene la pluma en la mano asaltan las dudas, pero te puedo decir que tus textos valen la publicación.

Besos y feliz regreso, ojalá puedas estar por aquí de cuando en cuando.

Metalsaurio dijo...

Breve y bonita ¿para qué más?

Felicidades, elefante, por la publicación.

Un saludo.

Gabriel Bevilaqua dijo...

¡Gracias Jesús! Adhiero a tu "ojalá", jeje (aunque resta mucho por andar y ¡aprender!). Y como ves, estuve "fuera de línea" un tiempo; espero pronto poder volver a participar en El descensor.

Aus, muchísimas gracias por tus palabras, es bueno oírlo (jeje, leerlo). Como bien dices, las dudas asaltan -armadas hasta los dientes- y suelen llevarse todo; pero, tal vez, sea mejor así.

¡Gracias Metalsaurio! Ya sabes: si bueno y breve... jeje ;)

Virginia Vadillo dijo...

Es una gran buena noticia, Gabriel!! Enhorabuena!!
El relato, como siempre, genial! Me ha hecho sonreír!
Un beso y bienvenido de vuelta! ;)

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias Virginia; lo de genial suena exagerado, pero bienvenido sea.

Saludos.

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