miércoles, 11 de octubre de 2017

Nocturno



CUANDO se largó a llover, buscó algún reparo; pero las casas, pegadas hombro con hombro, carecían de cualquier gesto amable. Entonces descubrió que había un paraguas en medio de la calle. De tres zancadas llegó hasta él, lo abrió y volvió sobre sus pasos. Era un buen paraguas, como los de antes, con asta y mango de madera. Agradeció su suerte y caminó sin apuro. Poco le importaba que ahora lloviera a cántaros: bajo aquel paraguas la lluvia le parecía una cosa lejana, que sucedía en otra parte. Al cabo de unas cuadras notó que un hombre caminaba a la par de él, pero en la vereda de enfrente, y que no llevaba paraguas. Apretó el paso, y el otro hizo lo mismo. Aminoró la marcha, y el otro volvió a imitarlo. Bufando, se detuvo y se acercó al cordón de la vereda. El otro también se acercó. Y de repente se sintió intimidado por aquella mirada aviesa y sin fondo. Aun así, se cargó de valor.
—¿Qué quiere? —le dijo.
—No se trata de lo que yo quiera, sino de lo que usted me va a tener que pedir —le respondió el otro, y desapareció al amparo de un relámpago.
Poco después, al llegar a su casa, el hombre intentó, primero, cerrar el paraguas, y luego, como no lo conseguía, dejarlo en la calle. Mas ahora el mango era una mano que oprimía con creciente fuerza a la suya. Azorado, apartó la vista, y volvió a ver al otro, en la vereda de enfrente, jugando con un bisturí entre los dedos de su única mano.
Entonces, dejó de llover.
.

5 comentarios:

Sara dijo...

Si has querido provocar terror, te juro que lo has conseguido... Uf, menos mal que, por el momento, no llueve por estos lares...

Besos, Gabriel.

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Uff vaya giro del tono del texto. Mmm, impactante texto.

Ángeles dijo...

Impresionante!
Muy buena pesadilla, algo kafkiana. O buzzatiana?

José A. García dijo...

Pero él tenía en su bolsillo el encendedor que ella le diera por la mañana, por lo que pegó fuego a la tela y esperó a ver la desesperación crecer en la mirada del otro.

Saludos!

J.

Pd: No pude contenerme.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Ésa era la intención, Sara. Lástima que no lo leyeras al son de la lluvia ;)

Gracias, Migue Ángel.

Ángeles, más bien diría… bevilaquana :)

Oh, sí, José, ésa sería una más que interesante vuelta de tuerca.


Saludos para todos

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