jueves, 19 de enero de 2017

A un metro y medio de altura



AL APARTAR la vista del libro, lo veo. Atónito, limpio mis anteojos y vuelvo a mirar. Un gorrión, en efecto, se ha quedado suspendido en el aire. La gente discurre tan abismada en sí misma que nadie más que yo se da cuenta de esta singularidad. A poco, y tras pasarle una mano por arriba para constatar que ningún hilo invisible lo sostiene, noto que el gorrión alterna su mirada entre mi persona y el piso. Me acuclillo para buscar no sé qué, y, justo antes de pararme, descubro fortuitamente algo en su pecho. Entonces, con delicadeza, le doy cuerda.
Safe Creative #1701080315839

El presente texto obtuvo una mención en el IV Certamen de Microrrelatos "Realidad Ilusoria".
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8 comentarios:

Miguelángel Flores dijo...

Qué delicadeza. Precioso.

Saludos.

Ángeles dijo...

Sí, a la magia hay que darle cuerda cada cierto tiempo. Si no, se vuelve realidad.

Me ha encantado.

Hola, me llamo Julio David dijo...

En cuanto a microrrelatos de fantasía, eres uno de los imbatibles, Gabriel.

Más saludos!

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Miguelángel. Allí, en lo de Page, compartimos podio, un gusto.

No, no, Ángeles, no volvamos a la realidad, que por lo general intoxica.

No sé si tanto como imbatible, Julio, pero gracias.


Saludos para todos

Sara dijo...

Atónita me he quedado yo. Llego un poco tarde (se me estropeó la cuerda), pero, como siempre, ha merecido la pena leerte. Precioso.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Nunca es tarde, Sara. Gracias por la lectura.

Saludos cordiales

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Precioso y mágico.
Un placer de lectura, como siempre.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Miguel Ángel.

Saludos cordiales

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