viernes, 23 de noviembre de 2012

Desbordar la página



[…] no estoy seguro de haber escrito microrrelatos. Me parece que fondo y forma son inseparables, y que la brevedad no es un valor por sí mismo. Siempre he buscado la máxima expresividad con el menor número de palabras, pero sacrificándolo todo a las exigencias de cada relato, puesto que la extensión viene dada por las necesidades del propio texto. Cada uno nace con su propio color, tono y envergadura: unas veces ocupan una línea y otras treinta páginas, pero procuro que sean milimétricos y quintaesenciados, que cada palabra tenga peso específico, que por supuesto posean sustancia narrativa, que desborden la pagina y dejen en el lector una huella imborrable. Quizá el microrrelato no sea sino una variante más del cuento, una evolución hacia una forma límite y experimental en la que su rasgo más visible la brevedad potencia sus otras características.
Ángel Olgoso
.

7 comentarios:

Víctor dijo...

Precisamente ayer mantuve una charla con Raúl Ariza sobre ese tema, y llegamos a conclusiones más o menos parecidas. La autonomía o no del microrrelato es un tema que da mucho que hablar.

Francisco Espada dijo...

Cuando uno se pone ante el teclado con una fórmula predefinida, lo que va a contar se adapta a cómo lo cuenta. Si ha pensado en el pentagrama de un soneto, es evidente que no le pueden salir doce páginas; si lo que intenta es un texto dramático, tendrá que huir de explicaciones y dejar que dialoguen sus personajes; si novela, tendrá que trazar un cierto número de historias paralelas...
Hay algo que marca el tamaño y estructura de las cosas, ¿o no?

Alma de Adra dijo...

Yo creo que se parece un poco a la escultura. Se elimina todo lo accesorio de la historia y se deja en los huesos...

O no :D

Beso, Gabriel

Enmascarado dijo...

Creo que es una conclusión con bastante peso, al menos para cuando se escribe por el placer de plasmar una idea. Cuando uno se habitua a escribir con limitaciones -de palabras por ejemplo-, rompe la pureza de lo que le nace para adaptarla a normas que condicionan.
Es curioso, pero hoy además de entrar a leerte, quise pasar también para comentarte que escribí algo que terminó siendo un cuento. Sin embargo, la idea inicial era buscar y desarrollar con lo que creo que es tu estilo envuelto de misterio, una historia de un elefante. En cambio, terminó fluyendo lo que había dentro de mí. Al pensar porqué lo asocié a ti, me di cuenta que era por el elefante, pero también porque ultimamente lo que he escrito siempre ha estado condicionado por reglas normas y limitaciones que decido aparcar y curiosamente encuentro dos lecturas que fueron casi las principales que me animaron para comenzar a escribir: la tuya, por supuesto, y la de Victor, que un día me presentó un tal Walter Giulietti, desde 150xdía.

Saludos

Ramón María Vadillo dijo...

Muchas han sido las veces que tras escribir un poema, surge un relato y viceversa. Si bien, es cierto que a la hora de publicar formalmente depuras dejando en cada frase la esencia del todo cuánto quieres decir. Saludo

Belkys Pulido dijo...

La brevedad no es un valor en s´´i mismo, resume todo. Cada asunto exige una forma de decir y algunas historias piden cuartillas; mientras, otras visten una servilleta.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Hola, Víctor. Este fragmento que rescate de la Internacional me parece una verdadera perlita. Y claro, yo también concuerdo con lo que Olgoso expresa de manera tan acertada. Saludos.

Coincido, Francisco. Pero a veces sucede, dado lo difuso ―afortunadamente― de los límites entre minificción y cuento corto, que aquella idea que en un principio se pensaba como micro termine pidiendo un poco más de espacio y se transforme en cuento; lo que, si resulta bueno, siempre debe ser bienvenido.

Alma, más que en los huesos me gusta pensar que se la deja bellamente desnuda ;)

Enmascarado, me pone de verdad contento que de alguna manera la lectura del Elefante haya contribuido para animarte a escribir. ¡Avanti, pues!
Con respecto a lo de escribir con las limitaciones que a veces plantean los concursos, pienso que las hay de dos tipos: aquellas que actúan como disparadoras a través de la propuesta de un tema o una imagen, donde se puede dar rienda suelta a la imaginación (que son las que me gustan); y las otras donde se ponen condiciones como un número de palabras exacto o comenzar con una frase predeterminada, que limitan bastante el campo de acción (por eso no suelo participar, por ejemplo, en el concurso de la Rec). En todo caso uno debe moverse por aquellas propuestas que le resultan útiles para crecer.
(Leí el Cuento del elefante de la china, me ha gustado y me ha parecido original).

Bienvenido al Elefante, Ramón.

Totalmente de acuerdo, Belkys :)


Saludos funambulescos

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