miércoles, 7 de enero de 2009

Anhelo

Campo de trigo con cuervos - Vincent Van Gogh. 1890


Este desalineado ensayo de cuento es mi primera participación en «El Cuentacuentos».



A VECES SOY UN MÚSCULO QUE SE DILATA, que se contrae, que suda, que dibuja pasos de danza en el aire de una vida quieta. Entonces mi boca se perfila como un gajo de mandarina… Pero en esta ocasión, mi amigo Guillermo, se posa en mi brazo derecho y me baja del sueño. Me saluda, y luego se deja a un silencio igual de largo que la nube por la que bucea el sol. Sabe que estoy ansioso, que me desenvaino como una espada, pero hasta que no resurge el primer pellizco del astro, no se digna a decir más… Me entero que ha estado en la ciudad y de su asombro ante la maraña de cables que la cruzan de punta a punta. Unos compadres suyos le advirtieron que hay que tener cuidado porque dentro llevan el rayo; enojado, me bufa: «¡Qué se creen esos citadinos, que acá no tenemos cables!». Pero yo no quiero que me hable de cables, quiero que me cuente de la gente. «¡Ah!, la gente», me dice, «tendrías que verlos, siempre en movimiento, fluyendo como peces amontonados en un río estrecho». Y me imagino como un pez, como un pez con piernas, como puras piernas andando sin cesar… Y me estrenan las calles, y enseguida lo veo a Guillermo posado como una sombra en el cable urbano que ha adoptado como suyo… Le grito que se baje, pero no me hace caso. Y mis piernas me arrastran, lo pierdo de vista; la gente me mira, los saludo, converso; hago amigos, olvido…


«Te traje esto», me dice, de repente, Guillermo, desanudándome de mi deriva. Y se acerca, galopando mi brazo, hasta mi cabeza. Ostenta un botón en su pico que abandona con cuidado de relojero en la huella del que he perdido. «Así, te ves mucho mejor, no me gustas tuerto», me informa, y yo le agradezco mientras llora mi ojo nuevo un hilo blanco… Nos quedamos en silencio. Al rato, Guillermo se marcha tan sorpresivamente como llegó…


A veces soy un músculo que se dilata, que se contrae, que suda, que dibuja pasos de danza en el aire de una vida quieta.


8 comentarios:

Metalsaurio dijo...

Hola cuentacuenots :)

Empiezas bien, jeje. Me ha gustado mucho tanto la historia como la forma de narrarla.

Un saludo.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Bienvenido Metalsaurio, y gracias.

Saludos.

*Sechat* dijo...

¡Bienvenido a la familia cuentil! El nombre de tu blog me parece muy original, por cierto (me reí mucho el otro día al visitarlo. No recuerdo si te dejé comentario o no).

La historia me ha gustado y me ha desconcertado por momentos, pero eso la hace aún más interesante. Un saludo.

Carlos Herrera dijo...

saludos... esta es la primera vez que visito tu blog y me topé con este textito como recibimiento. Me ha gustado bastante. Creo que estos dos personajes podrían dar un poco más dentro de una novela, o al menos a mí me gustaría encontrarlos en una novela... Creo también que la última línea está de más, a mi parecer no aporta nada a la historia y queda colgando como de un hilo., pero vamos, que es lo de menos, tampoco estorba, es sólo mi percepción, quizá se me ha pasado ver algo que lo ata al cuerpo del texto. De cualquier forma, insisto, me ha encantado el cuentito. Buen tiempo y buena estrella.

Sara dijo...

Bueno, bueno... veo que empiezas pisando fuerte... espero que te haya gustado la experiencia y te animes a repetir!! Un saludo y bienvenido a CC.

Gabriel Bevilaqua dijo...

¡Bienvenidos a todos!

Sechat, gracias por la bienvenida al Cuentacuentos. Y, es cierto, puede ser un tanto desconcertante, pero creo que le has agarrado el punto.

Carlos, lo de la última línea es posible. El cuento podría terminar tranquilamente en el punto anterior. Pero lo he puesto, para que concluya por el comienzo.

Sara, claro que pienso repetir; eso sí, habrá que ver como vienen las frases.

Esther dijo...

¡Bienvenido al cuentacuentos!

No pude venir antes por aquí pero,me gustó mucho. Es una bonita historia de complicidad y de amistad. Al final cambió mi identidad de los personajes, como Sechat, me desconcerté un poco pero, me encantó.
¡Ay! La ciudad, con sus prisas y ese tiempo acelerado...

Un gusto leerte.

Saluditos.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Hola, Esther, que bueno que te haya gustado.

Saludos.

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