domingo, 6 de octubre de 2013

En la estación



A LAS TRES DE LA MAÑANA, una mujer salió del armario y me preguntó si faltaba mucho para que pasara el tren. Me quedé mudo, y ante mi descortesía, se metió de nuevo en el armario. No pude más que levantarme y abrir la puerta del mueble, correr para un lado y para otro las perchas, buscar en vano. A la madrugada siguiente, a la misma hora, la mujer reapareció y me hizo idéntica pregunta. En esa ocasión, tras observarla detenidamente —era pelirroja, de ojos grises y tenía un lunar en el pómulo izquierdo—, atiné a decirle que no sabía, y volvió a marcharse. A la noche siguiente mudé el pijama por mi mejor traje y un ramo de flores. Puntualmente, la extraña salió del armario y formuló su acostumbrada consulta. Le reiteré que lo ignoraba, pero enseguida añadí que si yo fuera un tren, y ella aguardara mi paso, ni volando las vías lograrían retrasarme, y le entregué el ramo de rosas carmesí; entonces adornó su cabello con una de las flores y comenzamos a charlar. Durante varias semanas se continuaron nuestros encuentros al pie del armario: unas veces bailábamos; otras, organizábamos picnics nocturnos; siempre reíamos. Una madrugada, imprevistamente, me reveló que su boleto se vencía esa misma noche y que ya no volveríamos a vernos. Cabizbaja, me preguntó si la echaría de menos. Sonreí. Cuando la puerta del armario se cerró a nuestras espaldas, aún alcanzamos a oír el silbato del tren en la lejanía.
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15 comentarios:

Francisco Espada dijo...

¡Fantástico! Me gusta cuando las letras superan la realidad y crean un mundo imposible o acaban con este imposible mundo.
Un abrazo.

Miguelángel Flores dijo...

Pero, con qué gusto me haces soñar siempre que vengo.
Un abrazo.

David Moreno (No Comments) dijo...

Enhorabuena por Gabriel, fantástico . Me gustó mucho. Creas mundos de ensueño de la nada. Eres como un mago.

Un saludo indio
Mitakuye oyasin

Anónimo dijo...

Un cuento mágico,felicitaciones Gabriel, sería un placer que se lo leyeras a los oyentes de mi programa Te Cuento... ;-) Celia Carnovale

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Francisco. Algunos de los próximos micros que van a aparecer en El elefante apuntan hacia allí.

Me alegra que así sea, Miguelángel :)

Gracias, David. Mago, no sé; pero de magos sí que tengo algunos micros. Por ejemplo: este.

Ay, Celia, ¡muchas gracias, de verdad!; pero aparte de no ser muy radiofónica mi voz, en tal caso seguramente empezaría a tartamudear. Vos, en cambio, leés de maravillas :)


Saludos funambulescos

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Un microrrelato soberbio, Gabriel. Exquisitamente hilvanado, con el tono perfectamente ajustado al sentimiento.

No puede extrañar su éxito en el certamen.

Mis aplausos.

Un abrazo,

josé manuel ortiz soto dijo...

Gabriel: es de esos textos que te llevan a prestar más atención al mundo en que vives, con la esperanza de que, en una de esas, puedas entrar a él.

Saludos.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Pedro y José, ¡gracias por vuestros amables comentarios!

Saludos cordiales

Miguelángel Pegarz dijo...

Decía yo antes de que esto diese error (con lo bien que me quedó a la primera) que es un relato que merece todos los reconocimientos. Es simplemente música celestial, me ha tocado, me parece magistral.

Guillermo Arnul dijo...

Un micro cuyas palabras son un nuevo sendero hacia la imaginación.

¡Chévere!

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Miguelángel: ¿qué más puedo decir? :)

Gracias, Guillermo; y bienvenido al “Elefante”.


Saludos cordiales

Sara Lew dijo...

Maravilloso, Gabriel. Enhorabuena.
Un abrazo.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Sara.

Saludos funambulescos

Hola, me llamo Julio David dijo...

Cómo es posible que cada vez que vuelvo a leer este relato, lo encuentro todavía mejor? Y sé que lo seguiré encontrando sorprendente aun si lo leyera cien veces durante los próximos cien años.

Todas mis felicitaciones y respetos, Gabriel!

Saludos trasandinos.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Gracias, Julio. Es un texto que me consta que ha gustado, y que sigue gustando, mucho. El micro tiene su detrás de escena, interesante por lo ejemplificador, pero ésa es otra historia.

Saludos funambulescos

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